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sábado, 21 de abril de 2012

Se venden gorras: ¡Shss Shss Shss!

Se venden gorras. La historia de un vendedor ambulante, unos monos y sus travesuras. 
Relatado e ilustrado por Esphyr Slobodkina, 1940.
Título original: Caps for Sale. A Tale of a Peddler, Some Monkeys and Their Monkey Business
Edición en español: HarperCollins Publishers. Reading Rainbow Book.
Traducción: Teresa Mlawer
























Haz clic arriba para escuchar cómo lo leeríamos nosotros si lo tuviéramos en español. 

Haz clic a continuación para escuchar cómo lo leemos nosotros (en inglés)


Basado en un cuento folclórico, Se venden gorras nos trae una historia perfectamente circular con repetición, coros, ruidos graciosos, movimientos corporales divertidos para acompañar a los ruidos y monos. ¡Muchos, muchos monos muy, muy traviesos! ¿Qué más se puede pedir?

La idea de una rica siesta en mitad del día, ira y frustración con las que uno puede identificarse, humor y también mucho contar (del de uno, dos, tres). ¡Se venden gorras lo tiene todo!

El texto
Un vendedor ambulante increíblemente peripuesto con un bigote estupendo anda de un lado a otro de un pueblo con una sola calle, con una torre de gorras de colores apiladas en su cabeza gritando '¡Gorras! ¡Se venden gorras! ¡Cincuenta centavos cada gorra!' No parece que nadie quiera comprar una gorra, así que decide dar un paseo y sale del pueblo, erguido, caminando con mucho, mucho cuidado para que no se caigan las gorras.

Al cabo de un rato encuentra un árbol grande y cómodo para echarse una siestita. Se sienta y despacio, despacio se apoya en el tronco. Luego verifica que todas sus gorras siguen allí antes de quedarse dormido. Cuando se despierta, se toca la cabeza para ver si siguen allí pero sólo siente una, la suya de cuadros. Mira por todos lados pero no las encuentra, hasta que por fin alza la vista y ¿qué ve en el árbol? Dieciséis monos descarados con dieciséis gorras de colores mirándole sonrientes.

En su intento por recuperar sus gorras, prueba con reñirles con el dedo, (los monos le contestan también con el dedo: "¡Shss, shsss, shsss!"), amenazándoles con el puño (los monos mueven también el puño y le contestan  "¡Shss, shsss, shsss!", y pataleando (los monos patalean también y vuelven a decir "¡Shss, shsss, shsss!").

El vendedor ambulante está tan desesperado y cabreado que se quita su gorra de cuadros, la tira y empieza a alejarse. Pero entonces ¿qué hacen los monos? En un ejercicio de mímica perfecta, se quitan también ellos sus gorras y las tiran al suelo. El vendedor ambulante recupera sus gorras, se las vuelve a apilar en la cabeza y camina de vuelta al pueblo gritando '¡Gorras! ¡Se venden gorras! ¡Cincuenta centavos cada gorra!"

Las ilustraciones

Las originales ilustraciones en pintura y collage de papel de la artista e ilustradora Esphyr Slobodkina para Se venden gorras tienen una magnifica gama de rojo anaranjado, azul turquesa, verde mostaza y ocre, con líneas y figuras sencillas para el vendedor ambulante, los monos y el paisaje.

Son unas imágenes memorables y los colores son un verdadero manjar visual.

Éstas son algunas de nuestras ilustraciones favoritas de Se venden gorras: 


Nuestro amigo, sus gorras, la calle. 


La hora de la siesta

Con el dedito: "Oiganme bien, monos. ¡Devuélvanme las gorras!"

Con el pie
Desesperadamente cabrado
Gorras recuperadas
De vuelta al pueblo, despacito despacito. 

Para nosotros, el vendedor ambulante de Esphyr Slobodkina se ha convertido en otro personaje de nuestra casa-teatro.

Como artista, Slobodkina fue una de las fundadoras del grupo AAA (Artistas Abstractos Americanos). Como ilustradora fue la primera persona que experimentó con la técnica del collage en álbumes ilustrados y se considera que tuvo una gran influencia en figuras posteriores del álbum ilustrado como Leo Lionni y Eric Carle, por nombrar a dos de los más evidentes. Si te interesa, puedes leer más acerca de Slobodkina aquí (en inglés).

Lectura en voz alta

Leer Se venden gorras es muy divertido para lectores y oyentes. Como he dicho al inicio, sencillamente lo tiene todo. Tiene repetición, tanto en la estructura circular (alejándose del pueblo y luego regresando a él) y en frases y coros, ruidos graciosos y muchísimos movimientos corporales imitables que lo hacen incluso más divertido para niños pequeños.

No son sólo los movimientos de dedos, de puños y de pies, es también la verificación de que siguen allí todas las gorras ("Tanteó con la mano y se aseguró de que las gorras estuvieran bien colocadas: primero su gorra de cuadros, luego las grises, las marrones, las azules y encima de todas, las rojas"), que visualmente es muy divertido, con la mano del lector estirándose cada vez más hasta la cima de la torre, o el buscar por todos lados las gorras  ("Buscó a su derecha... y nada. Buscó a su izquierda.... y nada. Buscó a sus espaldas... y nada.)

Es interactivo por la participación, repitiendo palabras: "Oiganme bien, monos. ¡Devuélvanme las gorras!", y luego la parte favorita de la respuesta de los monos de "shss, shss, shss". Pero también es interactivo porque pueden levantarse e imitar al vendedor o a los monos, dependiendo de lo que les apetezca.

También hay muchas oportunidades para señalar colores y contar. Hace gracia que el vendedor lleve puestos exactamente 17 gorras incluida la suya y que aparezcan exactamente 16 monos para mangarle todas excepto la suya.

Todo ese caminar despacito, despacito para mantener el equilibrio de las gorras también da mucho juego.

"¡Gorras! ¡Se venden gorras! ¡Cincuenta centavos la gorra!"

¡Nos encanta!


Qué nos gusta de Se venden gorras

El hecho de que el vendedor tenga unas pintas tan tan arregladitas multiplica el humor del momento en que pierde los papeles, con el dedito, el puño y los pisotones. Nos gusta.

Tiene ira y frustración con la que uno puede identificarse (hablo tanto de adultos como de niños), pero luego saca el humor y la ridiculez del enfado. Eso también nos gusta.

A mí me gusta particularmente el hecho de que Se venden gorras hace que los niños pasen de identificarse con el vendedor ambulante a identificarse con los monos y luego de nuevo con el vendedor. Se identifican con la pérdida del vendedor primero, antes de dejarse seducir por la diversión traviesa de los monos, para luego volver a identificarse con el vendedor, queriendo que consiga recuperar sus gorras y vuelva al pueblo con ellas. Su identificación tanto con el vendedor como con los monos es el motivo por el que les parece tan rematadamente gracioso.

¡Shss, shss, shss!


(c) de todas las ilustraciones de este post, Esphyr Slobodkina, 1940, copyright renovado en 1968.
(c) del texto, Ellen Duthie. Cópialo o reprodúcelo, pero por favor, sé buena gente y cita la fuente (autora y blog).

1 comentario:

  1. El tiempo pasa la magia queda, esta semana harè este cuento con los pequeños de kìnder, jugaremos como introducciòn a Simòn manda, luego simularemos una siesta bajo el àrbol y comenzarà la narraciòn. Luego como actividad ellos decoraràn gorritas de gomaeva, las que usaremos para salir al patio a jugar. Gracias por el cuento.

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