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lunes, 12 de mayo de 2014

El letrero secreto de Rosie: ¡Soy el petardo rojo más grande que hay en todo el mundo! ¡Allá voy! ¡Pun, pun, pun! ¡Chisssss!

El letrero secreto de Rosie. Texto e ilustraciones de Maurice Sendak.
Kalandraka, 2016 (previamente Alfaguara, 1989).
Título original: The Sign on Rosie's Door, Harper, 1960.
Traducción: Eduardo Lago

Para escuchar cómo leeríamos nosotros El letrero secreto de Rosie si lo tuviéramos en español, haz clic aquí:



Reseña actualizada el 6.2.2016. Esta reseña está basada en el texto original inglés. La traducción es apresurada y mía, excepto en los extractos donde se indique lo contrario. (No teníamos a mano la traducción de Eduardo Lago y teníamos prisa por tener una versión traducida para leerla en una sesión de Filosofía a la de tres sobre aburrimiento y diversión). 

El otro día vimos por enésima vez, pero por primera desde hacía algún tiempo, la estupenda peliculita Really Rosie, escrita y dirigida por Maurice Sendak, con música de Carole King y retransmitida por primera vez por la CBS en 1975. 

La película está basada en el libro al que dedicamos esta entrada, El letrero secreto de Rosie, y en los cuatro libritos de la Nutshell Library, de 1962 (en español,  La minibiblioteca, versionada por Gloria Fuertes y editada por primera vez en Alfaguara en 1977 y que reeditará próximamente Kalandraka). Rosie es la prima donna del espectáculo, que va poniendo a prueba a los demás (cada una de las "pruebas de casting" es uno de los libros de la minibiblioteca) para ver si dan la talla para actuar en su película.

Mientras veía Really Rosie, recordé algo que había pensado la primera vez que leímos El letrero secreto de Rosie, que era lo maravillosamente bien que Sendak retrata las relaciones entre niños. Específicamente, las relaciones de poder en el juego entre niños, por una parte y, por otra, la convivencia y tensión entre ficción y realidad en las relaciones entre niños y entre niños y adultos. [Más sobre esto aquí]

También pensé en lo poco habitual que es ver retratos de niños jugando con otros niños en los álbumes ilustrados contemporáneos, incluso, de lo poco habitual que es encontrar álbumes donde se vean relaciones interesantes y significativas entre niños. Lo hablaba con un grupo de amigos tan expertos o inexpertos como yo (siempre depende desde donde se mire) y nos costaba pensar en ejemplos. De hecho cuando les pregunté qué álbumes se les ocurría, todos sin excepción pensaron primero en El letrero secreto de Rosie sin que yo dijera nada de antemano y luego rascando un poco, todos pensamos, también independientemente, en los libros de Garmann, de Stian Hole. (OK, tengo unos amigos que beben de sitios parecidos, pero me pareció curioso que nos costara tanto pensar en más ejemplos). [Esto era antes de que se publicara este maravilloso libro.]

Lo otro que me llamó la atención de la película fue la parte en la que los niños juegan a morir ahogados, con la mayor naturalidad del mundo, como suelen jugar de verdad. Y pensé ¡eso es lo que echo en falta en la literatura infantil actual! ¡Este tipo de cosa es con lo que nadie se atreve! Niños jugando tan ricamente a cosas tan tremendas sin ninguna consecuencia, sin ninguna puesta al servicio de ninguna lección moral. Un fiel retrato de los niños cuando juegan libremente: son irreverentes, son subversivos sin necesariamente proponérselo, son gamberros y se lo pasan bomba siéndolo. Y, lo más importante, distinguen perfectamente entre juego y realidad. ¡Señores! ¡Señoras! No pasa nada por jugar a morirse en plan colectivo con huesos de pollo atascados en la garganta. Incluso puede ser divertido, como nos muestra este dibujo realizado como estudio para la película:



Rosie explica a Kathy que en realidad es Alinda.
Pero voy al grano, que la introducción ha sido larga. El letrero secreto de Rosie es un retrato costumbrista de la vida infantil en el Brooklyn de los 50-60. Es también un maravilloso, fiel, "duro" y divertido retrato del juego y de las relaciones entre niños. Empieza así [traducción de Eduardo Lago]:
"En la puerta de la casa de Rosie había un letrero. Decía: SI QUIERES ENTERARTE DE UN SECRETO, LLAMA TRES VECES. Kathy llamó tres veces y Rosie abrió la puerta. -Hola, Kathy. -Hola, Rosie. ¿Qué secreto es ése? - Ya no soy Rosie -dijo Rosie-. Ese es el secreto. -¿Entonces quién eres? -preguntó. - Soy Alinda, la bella cantante. -Oh -dijo Kathy". 


Lo que sigue es un juego de imaginación típico de niños, donde Rosie juega a ser Alinda y se dispone a ofrecer un espectáculo a todos sus fans.
Al principio parece que la cosa va bien, pero enseguida le interrumpe Lenny, otro amigo de la panda, que llega vestido de bombero y les ofrece ir a apagar fuegos con él.

Hay un tira y afloja entre él y Rosie hasta que ya se hace tarde y todos se tienen que ir.

Rosie/Alinda se queda sola y canta de principio a fin la canción que había querido cantar ante un público.

El siguiente día arranca con escenas de todas las casas de los niños, empezando por la de Rosie, donde los niños se quejan de que no tienen nada que hacer. 

Por fin van en búsqueda de algo que hacer y acaban en casa de Rosie, donde les espera otro juego. Esta vez tendrán que sentarse en silencio y esperar a que llegue el Señor Magia, que les dirá qué es lo que pueden hacer. Se sientan, todos quietos en silencio durante mucho tiempo, hasta que Dolly anuncia que es tarde y se tiene que ir. "Yo también", dice Pudgy. Y se van todos, pero quedan para el día siguiente para seguir esperándolo.

Esa noche, cuando sus madres les preguntaron qué habían hecho toda la tarde, les contaron que habían hecho tantísimo que no había habido tiempo a hacerlo y que lo iban a hacer todo otra vez mañana. "¡Qué bien!,", dijeron sus madres. 

Una tarde cualquiera en el Brooklyn de finales de los 50. 

El día siguiente es el cuatro de julio. Rosie se despierta y pide a su madre un petardo, que su madre le niega. Y aquí viene uno de mis diálogos favoritos del libro: 

-Son peligrosos y no quiero que mi niñita se haga daño. 
-No soy tu niñita, -dijo Rosie. -Soy grande y todos los demás tienen petardos.
-No creo que eso sea cierto, -dijo su madre.
Rosie no dijo nada. 
- Juega con tu gatita, Nata, -le dijo su madre. -Eso sería mucho mejor. 
-No creo que eso sea cierto, -dijo Rosie. 

Y así fue que llegó la hora de volver a esperar al Señor Magia. Se presentaron todos.

Susurraban y esperaban quietos, con los ojos cerrados. Lenny llegó con ganas de jugar a los cowboys, pero le convencieron a él también para que se sentara y esperara con los ojos cerrados. Y entonces oyeron a Alinda decir:

-Hola, Señor Magia. Oh, qué amable. Muchísimas gracias. 
Adiós y por favor, no olvide darle recuerdos a su señora."

Siguen callados hasta que uno pregunta si pueden abrir los ojos. -¿Cómo era?, -preguntan. -¿Llevaba un sombrero de cowboy? ¿Y una máscara? ¿Y alas? -Todos querían saber más. Alinda les confirma todas sus preguntas y están todos de acuerdo en que, si todo eso era así, debió ser efectivamente él, el Señor Magia de verdad.


¿Pero qué le había dicho que podía hacer? "Me dijo que podía ser un enorme petardo rojo", les dice Alinda. "Y que vosotros podéis ser todos petarditos plateados", les cuenta.

Y ¡PUN! ¡PUN! empieza la fiesta:

¡PUN! ¡PUN! ¡CHISSSSSS!
















A esta edad, te pueden prohibir tener un petardo, ¡pero nunca ser un petardo!  Y se fueron todos a casa, tan exhaustos como contentos, directos a la cama:
Al rato su madre entró para ver si estaban dormidas. Abrió la puerta y vio
a la gatita metida en la cama con la manta subida hasta la barbilla y a Rosie
acurrucadita sobre una alfombra. "Rosie", dijo. "Shhh!", dijo Rosie.
"Nata está dormida." "¿Por qué estás en el suelo, cariño?",
susurró su madre. "Porque soy una gatita muy cansadita", contestó Rosie.
"¡Oh!, dijo su madre, saliendo de puntillas del dormitorio.
"Buenas noches", susurró mientras cerraba la puerta. "Miau", contestó Rosie. 


























Experiencia de lectura en voz alta de El letrero secreto de Rosie
El letrero secreto de Rosie está escrito como una obra de teatro narrada. Es casi todo diálogo (un diálogo natural, elástico y vivo, que muestra el oído y el poder de observación que tenía Sendak). Su lectura por tanto es por fuerza también muy teatral. En nuestro caso es también bastante física, con los gestos de la bailarina árabe torpona, los gestos de diva de la bella cantante Alinda, los PAN PAN PUM CHISS de los petardos y sus saltos.

Es un cuento con bastante texto (algo entre un álbum ilustrado y una novela corta para niños), que tarda aproximadamente 15 minutos en leerse, pero al haber tanto diálogo no se hace nada largo, incluso para niños bastante pequeños. A nuestro hijo se lo leemos desde que tiene tres años y le ha encantado desde siempre.

El letrero secreto de Rosie contiene además deliciosos susurros, repentinos gritos, muchas voces y mucho juego. Es un auténtico placer tanto leerlo como escucharlo.

Qué nos gusta especialmente de El letrero secreto de Rosie
Nos gustan tantísimas cosas de este libro que es difícil saber por donde empezar.

Mi hijo se ve muy claramente reflejado en todos estos niños. Algunos niños juegan más que otros a adoptar personajes (mi hijo se pasa aproximadamente tres cuartas partes del día siendo cualquiera menos él), y es un libro particularmente atractivo para niños a los que les gusta el juego imaginativo. Pero no solo para ellos. Es un libro que retrata la dinámica de juego entre niños como ningún otro que yo conozca y los niños captan la autenticidad del retrato con agradecimiento.

A mi hijo le gusta mucho ver las pequeñas dinámicas paralelas que se ven en las imágenes. Le gusta ver cómo Alinda mira a Lenny con cara de pocos amigos cuando le interrumpe, como Sal y Pudge se miran como si se odiaran mientras juegan a no hablarse el uno al otro.

A mí me gusta muchísimo el retrato de las relaciones de poder entre niños, del proceso de toma de decisión de a qué se juega, de cómo la mandona-organizadora del juego provoca fascinación y cierta rabia al mismo tiempo, pero en última instancia aceptación del hecho de que es que lo hace muy bien. De cómo el dolor infantil es bidireccional: Rosie ordena, manda o niega a otros el derecho a jugar, pero también llora, cantando su canción a solas. Mi hijo sonríe mucho en señal de reconocimiento experiencial cuando leemos este libro.

Como muchos libros de Sendak, El letrero secreto de Rosie tiene que ver con cómo los niños sobreviven en su día a día: en este caso, de cómo sobreviven al aburrimiento, de cómo hacen lo que pueden con lo que tienen y con cómo no lo hacen nada mal, si se les deja.

Volviendo al inicio de este post, y de lo que pensé al ver la estupenda película Really Rosie, basada en este El letrero secreto de Rosie y en los cuatro libros de La minibiblioteca, quisiera resumir lo que siento al respecto: 

1. Sendak retrata como nadie las relaciones entre niños y específicamente, las relaciones de poder en el juego entre niños, por una parte y, por otra, la convivencia y tensión entre ficción y realidad en las relaciones entre niños y entre niños y adultos.

2. ¡Qué importante es saber observar! Esto no es una invitación a que los autores de libro-álbum corran a por un lápiz para apuntar todo lo que dicen sus encantadores hijos/sobrinos para luego reproducirlo en un álbum. (Aunque no vendría mal que algunos pasaran algo de tiempo con niños, observando y escuchando). Hay que saber observar, qué extraer de lo que se observa y luego cómo recrearlo, claro está, con la misma picaresca que Rosie usaba para dar credibilidad a sus fantasías y que Sendak usaba para realzar la realidad que observaba para que siguiera pareciendo realidad una vez traspasada al papel. 

3. ¿Por qué hay tan pocos álbumes ilustrados contemporáneos que retraten a niños jugando con otros niños, y que muestren relaciones interesantes y significativas entre niños? Bienvenidos sean más ejemplos en los comentarios. 

4. ¿Dónde están las escenas de niños jugando a morir ahogados con huesos de pollo en los álbumes ilustrados actuales?

Una última cosa sobre el libro. Me encanta el diálogo, que le hace a una sentir que está espiando a un grupo de niños sin que ellos te vean.

La anécdota
Y esto enlaza con la última parte de esta reseña: El letrero secreto de Rosie está basado en una Rosie de carne y hueso del barrio de Brooklyn donde Sendak se crió. Sendak se pasaba las horas mirando por la ventana, observando, dibujando a los niños jugando y apuntando frases que oía. [Más sobre Rosie aquí]

Así lo cuenta con especial gracia el propio Maurice Sendak en este discurso Descent into Limbo (Bajando al Limbo) pronunciado en el 2003 May Hill Arbuthnot Honor Lecture (minuto 56:34 hasta 1:03:29)  

"Estoy obsesionado con la niñez y no valgo para nada más", confiesa Sendak, antes de presentar su anécdota sobre la verdadera Rosie: "Quiero contar unas anécdotas sobre niños que dotaron de color para siempre a mi visión sobre la naturaleza humana."
"Esta es una historia sobre Rosie. Rosie era una niña de Brooklyn, que se volvió prototípica. Todos los personajes que yo he hecho son ella. [...] Era el año 1943. Estudié a Rosie durante un año más o menos, del 43 al 44. Durante la Guerra, mi hermano estaba desaparecido en las Filipinas. Eran los días más oscuros del Holocausto. Y la única forma que yo lograba sobrevivir era cogiendo una silla, colocándola al lado de la ventana y poniéndome a observar a Rosie, que estaba justo en frente de mí... y actuaba en la calle. Parecía completamente ignorante de mi presencia, lo cual era perfecto. Y bajaba todos los días, toda vestida, con un gigantesco sombrero amarillo y una enorme pluma y una especie de chal, mantón o bufanda deshilachada. Llevaba un largo vestido rojo, del que le asomaban los pies. Y yo simplemente la observaba. Rellené entre 14 y 20 cuadernos de dibujo grandes: qué decía Rosie, qué hacía Rosie, qué aspecto tenía, todos los demás niños de la calle y qué pasaba entre ellos. Mucho sí que lo usé más tarde. En fin. Este incidente en concreto ocurrió un día de mucho calor. Su cometido -y ella era plenamente consciente de ello-, era hacer que el espectáculo fluyera, porque el resto del grupo era una panda de niños torpones y moribundos que la adoraban y odiaban a partes iguales. Porque sabían que ella tenía ese algo y cuando se lo daba, una historia imaginaria o lo que fuera, la adoraban. Si fracasaba, la odiaban. ... Y ella se tomaba muy en serio su cometido. Y la experiencia de ver cómo arrancaba, cómo ponía en marcha el motor... Este día hacía mucho calor, era junio, y los niños estaban allí en los escalones y ella estaba allí con su hermano, Pudgy, que era mucho más joven que ella y era su saco de boxeo  personal y su mejor amigo. Sentada, después de un largo silencio (no podía tardar ya en comenzar...), dijo: "¿Os habéis enterado de quién ha muerto?" Claro, todo el mundo alzó la vista. La mejor frase del mundo. Yo también alcé la vista. A pesar de lo bien que la conocía, siempre volvía a caer. La miraron y preguntaron: "¿Quién?". Dijo ella: "La abuela, se murió mi abuela. Al alba. Y Pudgy la empuja y le dice: "La abuela..:"  y le dice ella "Cállate". Y él sabía bien cuál era su lugar. Y esto es lo que pasó. Estaba lleno de detalles que yo reconocía y era tan lista como artista que había pensado en miles de detallitos para enriquecer la historia y hacer real esta fantasía absolutamente loca. La vi contarlo todo desde la ventana. Yo vivía en un bloque de cuatro casas y Rosie vivía en frente, en un bloque de una sola casa. Y en el piso de arriba, en la parte del ático, vivía su abuela. Era una mujer muy corpulenta, muy tosca. Y lo que hacía, y lo que hacía también mi madre y otras mujeres, era colgar los almohadones por la ventana y luego con una cosa de paja los sacudían y golpeaban y el polvo salía volando por todas partes. Lo hacía todo el mundo. Lo que pasó aquel día, al alba, es que Rosie oyó los golpes y se preguntó por qué lo estaría haciendo tan temprano su abuela, y su dormitorio y el dormitorio de Pudgy estaban justo debajo del apartamento del ático, y oyó unos crujidos y unos lamentos y unos jadeos y la enorme mujer se cayó. Oyó un estruendoso golpe. Y Pudgy se despertó y le dijo: "¿Qué crees que...?" y Rosie le dijo: "Shhhh. No despiertes a Mamá y a Papa. Se pondrán nerviosos". Así que ella sola subió las escaleras y allí estaba la abuela, respirando a duras penas, muriéndose. Y Rosie, que sabía lo que hacer porque había visto todas aquellas películas de Irene Dunne y Bette Davis, saltó encima de su abuela y le empezó a golpear el pecho y cuando la cosa no pintaba demasiado bien, o, mejor dicho, su abuela no pintaba demasiado bien, se acerco y le dio el gran beso de la vida. Lo tuvo que hacer tres veces. En vano. La abuela había muerto. Rosie hizo callar a Pudgy. Se acercó al teléfono. Y llamó al lugar donde van los muertos. Y el lugar donde van los muertos llegó y lo primero que hicieron fue ponerle un pollo en el dedo gordo del pie, para que la pudieran identificar en el sitio de los muertos. Y se la llevaron. (Y los niños preguntaron: "¿Y nadie lo oyó? ¿Nadie...?" "Nadie lo oyó. No quería que mis padres se disgustaran"). Y el coche de las personas del lugar a donde van los muertos llegó y se la estaban llevando y... ya llegando al final de la historia... tenéis que imaginaros a estos niños, estaban enganchados, como lo estaba también yo... ... de repente aparece la Abuela subiendo calle arriba. Con dos bolsas de la compra grandes, enormes, con zapatillas de casa, y balanceándose de un lado para otro al andar. Era una mujer que daba miedo. Daba mucho miedo. Hablaba solo en italiano y parecía siempre que estaba maldiciendo todo lo que había en el mundo. Y cuando llegó a los escalones, miró a todos los niños con ojos de muy pocos amigos y los niños se separaron como el Mar Rojo, así. Y subió los escalones, le echó una mirada mortal a Rosie e hizo algo con sus dientes y con el pulgar, como si estuviera diciendo, "cuando subas, te voy a matar!", o así lo interpreté yo. Cierra la puerta de un golpe, sigue subiendo las escaleras y todos los niños vuelven a formar el corro. Entonces uno de ellos le ruega: "Rosie, cuéntanos cómo se murió tu abuela". 
La segunda anécdota que cuenta acto seguido es una historia, contada con no menos gracia, sobre cómo, años después, encontró a la verdadera Rosie, ya una señora, (Descent into Limbo min 1:03:30 hasta 1:11:03). Realmente merece la pena escucharla también. 

Un regalito final

Maqueta de In Rosie's Backyard, que finalmente se convertiría en
The Sign on Rosie's Door, Rosenbach Museum. 




















(c) de la ilustración, Maurice Sendak, 1960. 
(c) del texto, Ellen Duthie. Puedes copiarlo o reproducirlo, pero sé buena gente y cita la fuente (autora y blog). 

Notas, reseñas y lecturas en voz alta de libros de Maurice Sendak en Lo leemos así:




3 comentarios:

  1. Es un post fascinante! Muchas gracias!! Respecto a los ejemplos, yo quizás pondría el de Michael Rosen y las descripciones de los juegos/peleas con su hermano mayor. En otro orden, quizás también "El zoo d'en Pitus" de Sebastià Sorribas. Un abrazo!
    maria

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    Respuestas
    1. Hola María:

      Muchas gracias por comentar. El de Michael Rosen no sé cual dices (?) ¿Recuerdas el título? El zoo d'en Pitus es más una novelita, ¿no? En novelas de LIJ sí se me ocurren muchísimos ejemplos de relaciones entre niños y de niños jugando, pero lo que me cuesta más es encontrar ejemplos de esto en álbumes ilustrados. Habrá muchos más, seguro, pero resulta llamativo que un género dirigido principalmente a niños jóvenes, justo en las edades donde más se juega, haya tan pocas representaciones de juego entre niños y de las relaciones que se construyen mediante el juego. Un abrazo y ¡gracias de nuevo!

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  2. Qué interesante todo lo que comentas! Sigo pensando en ello.
    Lo he pasado pipa con la anécdota de la abuela !es genial! Sendack siempre nos sorprende con ese jardín secreto de la infancia que tan bien sabe desvelar.
    Esto de la abuela tengo que contarlo para que no se me olvide ;)

    Te sigo leyendo.
    Abrazos
    Ana Nebreda

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