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jueves, 24 de noviembre de 2016

El libro que hace clap: ¡cierra ese libro!


El libro que hace clap
Madalena Matoso.
Edición original: Livro Clap. Planeta Tangerina, 2014.
Edición española: Fulgencio Pimentel, 2016.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto descubriendo una nueva lectura para compartir en voz alta. 

La experiencia es lo más parecido a tocar un acordeón que yo vaya a experimentar jamás (cuando lo leo a un grupo lo sostengo, cara afuera, con las dos manos a la altura del tórax) y da gusto ver cómo, 
al leérselo, los rostros de bebés y mayores se iluminan, sonríen, se sorprenden y ríen.
Las guardas sugieren ya un acordeón de papel. Las páginas de crédito nos muestran combinaciones infinitas de figuras geométricas que en un principio podrían ser una persona haciendo ejercicio, o muebles extraños o simplemente ensayos de letras. De repente, en el centro detectamos PALC en una página y CLAP en la otra y el cuerpo nos pide cerrar el libro para hacerlos coincidir. Ya. PALC y CLAP se han unido en un CLAP de doble capa de papel. No lo vemos porque el libro está cerrado, pero lo sabemos y da gusto saberlo y sentirse parte de la configuración de ese CLAP. 


Pero en esto es probable que no nos fijemos hasta que hayamos leído todo el libro y volvamos a empezar, fijándonos en todos los detalles. 

La pauta en realidad se establece en la primera página propiamente dicha. Se nos presenta este señor bigotudo con un címbalo en cada mano, a punto de señalar el comienzo del espectáculo. Una onomatopeya en letra grande y clara nos invita a hacerlos sonar: ¡Plas! ¡Plas!




Esta primera doble página, además de inaugurar el espectáculo, enmarca el resto del libro. Nos anuncia que éste es un libro que va a requerir de nuestra colaboración física y nos encanta la propuesta. ¿Qué vendrá a continuación?  

En las páginas siguientes se va consolidando la pauta. Ayudamos, abriendo y cerrando el libro, a dos enamorados a darse un beso, a dos chicos a chocar esos cinco, a un señor llamar a una puerta (Toc, Toc, Toc) y a la familia que hay al otro lado de la puerta a ver por la mirilla para ver quien es.  Ayudamos a una señora a ruborizarse, llevándose la mano a la boca (Oh). Hasta que justo en el centro, se nos premia con la imagen misma de lo que hemos estado haciendo desde el principio. Ñañaa, ñañaaa, ñañaaaaa. 

Y aunque ya llevamos tiempo metidos en el espíritu del asunto, y ya entendemos perfectamente el mecanismo que nos exige El libro que hace clap: abrir y cerrar, abrir y cerrar e ir descubriendo todas las variaciones y sorpresas que nos puede deparar este sencillo movimiento mecánico con la ayuda de lo que la autora ha decidido poner a nuestra disposición en cada página, este momento acordeónico sirve de confirmación de la complicidad gustosísima y juguetona que se establece entre la autora y el lector.     

A partir de este momento, el acordeón cobra alas -pequeñitas (con el flap flap flap de una mariposa) y luego grandes (con el FLAP FLAP FLAP de un gran pájaro)- hace ruidos delicados (como el del triángulo -¡ting!) y ruidos descarados (como el del tambor -¡bong! ¡bong! ¡bong!-). 

Otras veces cobra resistencia cómica, al tener que ayudar a un chico a hacer unas abdominales abriendo y cerrando el libro (Uf, uf, uf, uf), e incluso llega a cobrar peso cómico también, mientras ayudamos a un culturista a acercarse la pesa (-FFF, FFF, FFF, FFF-). 










 ¿Y qué ruido hará ese sándwich en la sandwichera al cerrarse? Pongamos el oído. 

Para acabar, como no podía ser de otra manera todos aplauden, con nuestra ayuda, abriendo y cerrando el libro sin parar mientras gritamos: ¡CLAP! ¡CLAP! ¡CLAP! ¡CLAP! ¡CLAP!



Qué nos gusta de El libro que hace clap

En Lo leemos así nos encantan los libros que llamamos "de acción". El libro que hace clap es un libro de acción en toda regla. Tiene algo de Un libro, de Hervé Tullet, en el sentido de que te exige una implicación física y te sugiere que esa implicación física tiene una consecuencia en la ficción del libro. Tú haces que dos personas se besen, tú haces que aplaudan, tú ayudas al chico a hacer sus abdominales. Te exige jugar al juego de la ficción. Sabes que es "mentira", pero estás absolutamente entregado a jugar a que es verdad, una y otra vez. Sin la acción del lector, no se materializa la ficción propuesta por la autora. ¡Sin ti el libro no es nada!

Nos encanta que en este caso, además, la acción provocada por el lector transcurra a escondidas, cuando el libro está cerrado. No podemos verlo, pero sabemos lo que está pasando y da mucho gusto saberlo y sentirse en parte artífices de todo lo que está pasando.  

También nos gusta el sentido del ritmo que tiene. Las ideas sencillas son relativamente sencillas de alumbrar. Pero ejecutarlas con sentido, con estructura y con chispa es otra cosa. Muchos libros de este tipo son poco más que una lista de acciones posibles a ejecutar por el lector, ideadas por el autor. Si la acción es graciosa el libro resultante puede resultar incluso resultón. Pero en este caso, Madelena Matoso no se conforma con una lista. Enmarca la acción y establece el patrón, poco a poco, con un ritmo controlado mientras va mostrando todas las posibilidades de la mecánica propuesta, hasta el clímax central del acordeón, a partir del cual ella y el lector se permiten jugar con el volumen de la voz, con algún ruido inmiscuido entre la acción principal, de nuevo con el humor, hasta llegar al apoteósico aplauso final.

Es un libro fantástico de leer en voz alta por muchos motivos. Es un libro lleno de movimiento, lleno de sonido, con mucho que mirar y mucho que imaginar, que exige acción por parte del lector, lleno de juego, de humor y de ingenio.

Nos encanta también porque mueve a la acción de otra manera. Mi hijo tiene 7 años y lo primero que pensó cuando lo acabamos fue en lo divertido que sería hacer el suyo propio. Es un libro que enseña a mirar, a leer y a imaginar, pero que también puede animar a crear.

Un libro para todas las edades, desde bebés hasta adultos, que recomendamos con una onomotapeya por todo lo alto: ¡Oééé´Oé Oé Oéééé, Oééééééé Oééééééé!

viernes, 9 de septiembre de 2016

1966: Un joven Maurice Sendak nos habla de sus influencias desde su mini apartamento de Nueva York

Hace un par de días, vi circulando por internet (vía el ilustrador Sergio Ruzzier) una entrevista a un joven Maurice Sendak que no había visto antes.

Se trata de una breve producción, de 15 minutos, en la que un Sendak recién ganador de la medalla Caldecott, presenta las principales influencias que habían incidido en su desarrollo como artista hasta la fecha.

Me ha gustado tanto que lo he traducido y he añadido subtítulos en español para este blog. Os propongo que os hagáis un tecito o un cafelito o lo que os apetezca y le invitéis a pasar para que os cuente.

Para que os salgan los subtítulos, haced clic en "CC".


Más sobre Sendak en Lo leemos así




jueves, 16 de junio de 2016

Fallo del III Concurso de lectura en voz alta "Y tú, ¿cómo lo lees?

En esta tercera edición del concurso lo anunciamos con más de un mes y medio de antelación. Muchas muestras de interés. Muchísimas bases compartidas en los medios sociales. Mucha intención de participar. Pero cuesta, cuesta. Acordarse de preparar la grabadora, estar contentos con el resultado y luego acordarse de enviárnosla. ¿Cuántos han logrado esas tres cosas? Este año, ¡un total de 26!, más del doble que en las dos ediciones anteriores. ¡No podíamos estar más contentos en Lo leemos así! Muchísimas gracias a todas las familias, escuelas y otros por participar. Hemos disfrutado mucho de vuestras lecturas y hemos descubierto algún que otro libro que no conocíamos gracias a ellas. ¡Gracias!  

El primer año nos quitamos el sombrero y el segundo año también, ante todos los participantes. Este año no queríamos ser menos:
El sombrero, de Tomi Ungerer. 

A todos los que lo intentaron pero no llegaron a tiempo, os recordamos que nos encanta recibir sorpresitas incluso en momentos donde no haya ningún concurso activo, así que podéis enviarnos vuestra grabación cuando queráis. Nos encantará que compartáis vuestras lecturas y formas de leer con nosotros.

Este año hemos tenido una gran variedad de participantes: 
  • Una profesora de infantil leyendo a su clase de cinco años. 
  • La madre de  una niña de 6 y un niño de 3 leyéndoles un cuento
  • Un niño de 7 años leyendo un fragmento de una de sus novelas favoritas
  • Otra maestra de infantil pero que lee-canta junto a su hija
  • Una madre argentina afincada en holanda con dos niños leyéndole un cuento a ambos
  • Otra madre de dos hijos que nos envía una lectura a sus dos niños desde Bélgica
  • Una lectura de una profesora de primaria en la escuela
  • Un profesor de música que nos envía nada menos que diez grabaciones de sus alumnos y alumnas leyendo distintos textos
  • Un hermano y una hermana que se turnan para leerse un libro
  • La madre de una niña de 6 años y un niño de 1 año leyéndole a la primera
  • Una lectura de una escritora de su propia obra
  • Varios niños y niñas de Bogotá, del colegio Manuel Elkin Patarroyo que mandan distintas lecturas de textos
  • El productor del programa Letras chiquitas de la Universidad Autónoma de San Luis de Potosí, que nos envía una lectura para que ayudemos a compartir su labor (además de para presentarse al concurso)
  • Una lectura de dos niñas a sus padres
  • Una niña de 11 años leyendo un libro que le regaló su abuela
  • Una madre que lee a su hija de 3 años
  • Un padre que le lee a sus dos hijas. 


Cada una de las participaciones transmite a su manera el gusto por la lectura compartida: el placer del momento tranquilo, del momento alborotado de gritar la palabra que sigue, los vínculos intelectuales y las conexiones ficcionales que se establecen al leer con los hijos (o los sobrinos o los hermanos), por no hablar del gusto que da acurrucarse y compartir cariño físico también mientras se lee. ¡Enhorabuena a todos!

En los próximos días completaré el post con todos los vínculos a sus lecturas. Pero hoy, de momento, pasaré a comunicar el fallo, tal y como había anunciado.  

Sé que siempre se dice, pero hemos sudado la gota gorda para tomar la decisión. Con tal variedad de registros, estilos y contextos daba ganas de establecer categorías y dar 3 o 4 premios en lugar de uno solo, pero no puede ser. Sin más preámbulos. 

La lectura ganadora es...

¡TACHAN, TACHÁN!


María Jesús e Ixeia, de tres años, leyendo-cantando Limón, de Antonio Rubio y Óscar Villán


Qué nos contaron: 
Me llamo Mª Jesús y soy maestra de infantil. El cuento que os envío es un cuento sencillo pero estupendo para prelectores.
Lo leemos, bueno, lo cantamos (a nuestra manera) mi hija, Ixeia de tres años y yo.
Lo hemos elegido porque la participación infantil en este tipo de libros puede ser total y así lo demuestra...
No quise repetir la grabación porque me parece que es una lectura muy natural y cotidiana.



Qué nos ha gustado: 
Precisamente la naturalidad es lo que nos ha entusiasmado de esta lectura. Nos ha encantado el hecho de que realmente sea una lectura compartida. Ixeia y María Jesús son las dos lectoras-cantoras con el mismo protagonismo. Nadie está leyendo a nadie; o las dos están leyendo a la otra. Nos gusta que Ixeia exija al principio: "Y tú también, Mamá". Nos gusta el ambiente de relajación y disfrute que desprende la grabación y la sensación de hábito disfrutable bien establecido. Estamos convencidos de que lo hubieran hecho exactamente igual si no hubiera habido grabadora de por medio. El motivo de nuestra decisión, en cuatro palabras: cero afectación, todo disfrute.

¡Enhorabuena, familia! Recibiréis un correo personalizado comunicándoos que habéis ganado, solicitando vuestra elección. Podéis elegir entre: 

2 libros sorpresa seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año 
O bien 2 libros a elegir de entre los siguientes reseñados en Lo leemos asi:  
Un día diferente para el Señor Amos
Cuidado con la rana
Se venden gorras
Yo quiero mi gorro
El paseo de Rosalía
La noche de los piratas
El tigre que vino a tomar el té
Las aventuras de un pez fantasioso
Vamos a cazar un oso
Donde viven los monstruos
¿Qué prefieres...?
El pez rojo 
¡A bañarse!
 ¿A qué sabe la luna?

En los próximos días completaré el post con todos los vínculos a las lecturas de los participantes y datos de los libros que han leído. Muchas gracias a todos por participar. Enhorabuena a las ganadoras y ¡hasta la siguiente edición!

viernes, 3 de junio de 2016

Concluido el plazo para participar en el III Concurso de lectura en voz alta Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES?



El pasado 31 de mayo concluyó el plazo para participar en el III Concurso de lectura en voz alta Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES? convocado por LO LEEMOS ASÍ. 

Hemos recibido un total de 22 participaciones de todo tipo, de profesores leyendo a sus alumnos, de hermanos compartiendo lectura, de madres leyendo a hijos y de padres leyendo a hijas, de niños leyendo solos. 

¡Muchísimas gracias a todas las personas que habéis participado! 

El próximo 15 de junio publicaremos en este blog el fallo, con la lectura que ha resultado ganadora, junto a un breve comentario para cada uno de los participantes. 


¡Estén atentos!

sábado, 23 de abril de 2016

Salomón el clavo oxidado, de William Steig: ¿Acaso mueren los clavos?

Solomon, The Rusty Nail. 
William Steig.
Farrar, Straus & Giroux, 1985.

Hoy es el Día Internacional del Libro y lo celebramos compartiendo una de nuestras lecturas en voz alta preferidas de todos los tiempos (en inglés). 

Solomon, The Rusty Nail (Salomón el clavo oxidado) es la historia de un conejo con el intrigantemente inútil poder de convertirse en clavo oxidado y luego de nuevo en conejo cuando le viene en gana. Lo que comienza como un truco gracioso para confundir a amigos y familiares, acaba siendo, primero, lo que le salva la vida y luego lo que le sume en una angustia existencial de difícil solución. Todo acaba bien, pero a los lectores se nos tiene en vilo hasta el ultimísimo momento. 

Podéis leer más acerca de las razones por las que nos chifla William Steig en la reseña de otro de nuestros favoritos indiscutibles, El hueso prodigioso donde también menciono a Salomón y otros cuentos de Steig sobre transformaciones y angustia en objetos inanimados. 

¡Feliz día del libro! Que lo disfruten.


lunes, 18 de abril de 2016

III Concurso de lectura en voz alta Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES?

Ilustración de Arnold Lobel,
de Tales of Oliver Pig (Jan Van Leeuwen)


Lo leemos así presenta....

III Concurso de lectura en voz alta 
Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES? 

En primavera del 2013, para celebrar nuestro segundo aniversario, organizamos por primera vez el concurso de grabaciones de lecturas en voz alta Y tú, ¿cómo lo lees?

Debido al éxito de la primera edición y de la segunda edición celebrada en 2014 y tras las las numerosas indagaciones respecto a si se iba a repetir este año (en 2015 no pudimos), en este año en que cumplimos nada más y nada menos que cinco años (¡cinco!) nos hemos decidido a lanzar la tercera edición de Y tú, ¿cómo lo lees?. El premio: dos libros a elegir de entre los reseñados en este blog (no se incluyen los libros descatalogados; ver lista al final de este post) o bien dos libros sorpresa, seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año. 

Instrucciones: 
1. Elige uno de tus álbumes ilustrados favoritos, el que tú quieras. 
2. Practica su lectura en voz alta (si te hace falta). 
3. Grábalo o bien en vídeo o únicamente con sonido. 
4. Súbelo a un sitio como dropbox o soundcloud (o similar). 
5. Comparte el vínculo en un comentario en este mismo post y...
6. Envía un email a ytucomololees@gmail.com contándonos un poco sobre ti, con una foto si quieres y por qué elegiste ese libro. Por favor, no te olvides de incluir el vínculo a la grabación en el email también.  
7. Las grabaciones deberán ser en español
8. La grabación puede ser:
  • de un padre o madre o cuidador leyendo a un niño/a o a varios niños
  • de un docente leyendo a un niño/a o varios niños 
  • de un niño o niña leyendo a otro niño, a su padre/madre/abuelo/abuela... o a sus amigos del colegio.
9. Se pide emoción y entrega y no se penalizará en absoluto la interacción (¡ooh! ¡aaaah!).
10. La fecha límite para participar es el 31 de mayo de 2016. No se tendrán en consideración las grabaciones recibidas con posterioridad a esta fecha.  
11.  Se aceptan grabaciones de todo el mundo. La única restricción es el idioma: español.  
12. No importa la edad.   
13. El ganador o ganadora recibirá como premio un glamuroso post con la grabación premiada, como el de la primera edición y como el de la segunda edición más 2 libros sorpresa seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año o bien 2 libros a elegir de entre los siguientes reseñados en Lo leemos asi:  
*En caso de que alguno de los títulos se descatalogara de aquí a la fecha del fallo, se excluiría de la lista de posibles libros a elegir.  
15. ¡Buena suerte!
16. La decisión del ganador/ganadora será necesariamente subjetiva, e inapelable.  

Lee el post del fallo de la primera edición, y escucha la grabación ganadora.

Lee el post del fallo de la segunda edición, y escucha la grabación ganadora 

sábado, 9 de abril de 2016

Censura en la literatura infantil: ¿somos todos culpables? Perry Nodelman se lo pregunta en el editorial "Tres grados de censura"

Entre los muchos artículos interesantes que el escritor, crítico y profesor de literatura infantil Perry Nodelman está subiendo (con libre acceso) a su página de Academia.edu, este editorial cortito escrito en 1983 para el Children's Literature Association Quarterly, 8,1, me ha gustado especialmente. 

En él Nodelman se pregunta si no seremos todos culpables de censura en lo que a literatura infantil respecta, distingue tres grados del crimen de la censura y sugiere que la censura en tercer grado, la que cometen los rectos odiadores de la censura para evitarse problemas con los detestables censores en primer grado, es la más insidiosa de todas. 

Aquí lo tenéis en una traducción (mía) un tanto apresurada pero aceptable. 




Children’s Literature Association Quarterly 8, 1 (Spring 1983) 2. 
Autor: Perry Nodelman

Al escuchar con horror las horrorosas historias de quema de libros relatadas por los participantes de una de esas mesas redondas sobre censura que últimamente se han vuelto obligatorias en congresos sobre literatura infantil, de repente advertí cuánto estaba disfrutando de mi indignación. Para la mayoría de las personas a las que nos importa la literatura, la censura es directamente contraria a nuestros principios. Es fácil de odiar. Cuando nos topamos con ella, actuamos más como verdaderos creyentes luchando contra una panda de heréticos deplorablemente errados que como las personas razonables, humanas que consideramos que somos. Pero estando ahí sentado, sintiéndome, con todas las demás personas en la sala, superior a aquellos quemadores de libros descerebrados de los que nos hablaban, empecé a pensar si no seríamos nosotros mismos, de alguna forma no del todo evidente, también culpables. Como posibles pruebas a favor de esta hipótesis, ofrezco a continuación algunas viñetas recientes de mi vida como profesor de literatura infantil, algunas de las cuales son y algunas de las cuales podrían ser, casos de censura.

Caso número 1: Un episodio merecedor del típico sentimiento de auténtica indignación. Un presentador de telediario me invita a comentar sobre una decisión del consejo de una escuela de retirar una serie de libros de sus bibliotecas (libros que los miembros del consejo no han leído ellos mismos pero que uno o dos padres preocupados han proclamado inaceptables). Uno de los libros es sobre un niño que toma drogas y muere, lo cual evidentemente animará a los jóvenes de mente débil a drogarse y morirse también ellos. Incluso peor, el otro es un libro sobre judíos haciendo cosas típicamente judías, y por lo visto animará a esos mismos jóvenes de mentes débiles a ir por ahí con gorritos ridículos, babeando ante cada escaparate de encurtidos picantes que se encuentren. Le digo al entrevistador que cualquiera que crea que a los jóvenes se les convence tan fácilmente nunca se ha propuesto convencer a un niño que pruebe el colinabo.

Mi veredicto: los miembros del consejo del colegio son culpables de censura en primer grado: culpables de creer estúpidamente que los niños que únicamente conocen cosas aceptables actuarán siempre de forma aceptable; culpables de creer arrogantemente que la bondad de los jóvenes es, a diferencia de la suya, demasiado débil para sobrevivir al conocimiento del mal; culpable de creer impíamente, en su esfuerzo por hacer que todos los niños se ajusten a sus propios estrechos valores, que los únicos otros con los que uno debe hacer el bien son aquellos otros que son como uno mismo. Pero yo también soy culpable de censura en primer grado; desde luego que me gustaría que esos miembros zoquetes del consejo de la escuela se abstuvieran de hacer declaraciones ignorantes sobre mi asignatura y se dedicasen a otros menesteres.

Casos 2, 3 y 4: En el Caso número 2, mis estudiantes rechazan un antiguo poema para niños por su evidentemente excesivo tono moralizante sobre el deber hacía los padres; pero dos minutos más tarde, están todos de acuerdo en que los niños podrían conectar con un poema que anima de forma un tanto excesiva a ser imaginativo y a tener una autoimagen positiva. En el Caso número 3, un estudiante me entrega un ensayo en el que me dice que los niños no podrían conectar con un poema que menciona Scotland Yard porque, a no ser que vivan en Escocia, no sabrán lo que es Scotland Yard; ella no ha ido a Escocia pero le gusta mucho el poema. En el Caso número 4, mis estudiantes me dicen que los niños podrían conectar con un cuento en el que un niño carda lana y que les enseñaría información útil sobre cómo cardar lana. Pero otra historia, una historia folclórica africana sobre un hombre muerto de hambre que consigue comida de una calavera parlante no es algo con lo que puedan conectar los niños porque los niños nunca han visto una calavera parlante, no están muertos de hambre y, lo peor de todo, les perturbaría el hecho de que un hombre muera por no seguir el buen consejo que le da la calavera, sin siquiera una mísera segunda oportunidad.

Mi veredicto en los tres casos: mis estudiantes son culpables de censura en segundo grado, que es censura en primer grado disfrazada de cliché pedagógico sobre la infancia: culpables de asumir que los niños pueden conectar únicamente con lo que ya conocen; culpables de estar de acuerdo con los censores en primero grado en que los niños son todos frágiles y fácilmente desviables del buen camino, con la diferencia de que la bondad para los censores en segundo grado no es la salud espiritual sino el equilibro mental y la normalidad social; culpables, además, como personas educadas exclusivamente a base de cosas con las que sus profesores pensaban que podrían conectar, de una profunda ignorancia sobre el mundo en el que viven (porque viven en una ciudad en la que pocas personas cardan lana y en la que muchas personas están muertas de hambre; y, como descubrí con horror, casi ninguno sabe dónde está Scotland Yard); culpables, sobre todo, de aceptar irracionalmente los supuestos irracionales sobre el crecimiento humano y el desarrollo y las conexiones en la infancia que son el opio de las masas pedagógicas del momento, sin siquiera pensar sobre ellos. Y supongo que yo también soy culpable. Culpable, dicen mis estudiantes, de pensar que mis opiniones son mejores que sus opiniones simplemente porque he pensado sobre ellas; de asumir que sé más que el establishment pedagógico que critico; y de censurar el derecho de mis estudiantes a pensar pensamientos estúpidos y a regirse por ideas irreflexivas. Sí, soy culpable de todo esto y estoy orgulloso de ello.

Caso número 6: A mis estudiantes les encanta el libro de John Neufeld “Freddy's Book” (que contiene una palabrota muy palabrota, pero sin embargo enseña a los niños sobre cosas con las que pueden conectar). Pero cuando pregunto a la clase si tienen intención de usar el libro más adelante en sus vidas profesionales como profesores y bibliotecarios, me dicen que desde luego que no lo comprarían para sus bibliotecas o aulas, ni se lo recomendarían a niños. Es bueno, es bueno para niños; pero algún padre entrometido y estúpido que cree en la censura, esa cosa tan horripilante, lo descubriría y montaría un pollo, y entonces ellos probablemente perderían su empleo simplemente por saber lo que realmente era bueno para los niños; no, es probable que acabaran permitiendo que los niños en sus escuelas y bibliotecas leyeran únicamente esas cosas moralistas y anticuadas que los estúpidos padres aprobarían sin rechistar. Bien, pues hago una pequeña investigación y descubro que no encuentro ni rastro de un solo ejemplar de “Freddy’s Book” en las estanterías de ninguna escuela o biblioteca pública en toda la provincia de Manitoba.


Mi veredicto: Mis estudiantes (y muchos profesores y bibliotecarios) son culpables de censura en tercer grado: censura cometida por personas que temen a los censores en primer grado, y por tanto se encargan ellos mismos de censurar para evitar el problema; culpables de privar a los niños de libros que ellos piensan que los niños deben tener porque piensan que otras personas menos sabias querrán privar a los niños de esos libros. La censura en tercer grado sigue siendo censura, porque tiene el mismo efecto: priva a los niños de libros.  De la censura en tercer grado, me considero inocente, inocente pero sin haber sido puesto a prueba. Como le dije una vez al padre de un estudiante que me llamó para quejarse de la novela que estaba obligando a leer a su niño de veinte años, no doy clase a niños. Si esa persona de veinte años era un niño, entonces es evidente que no debería de haber estado inscrito en un curso universitario de literatura inglesa. ¿Pero y si diera clase a niños? ¿Me sería tan fácil actuar según mis convicciones? ¿Insistiría en que mis estudiantes tuvieran acceso a toda la enorme variedad de literatura a la que creo que los niños deberían tener acceso? He de admitir que sencillamente no lo sé. Pero sí sé que la censura en tercer grado es la censura más insidiosa: censura perpetrada por personas que odian apasionadamente la censura. Trataré de recordarlo la próxima vez que vaya a un congreso y disfrute indignándome con historias de quema de libros.
Perry Nodelman
Children’s Literature Association Quarterly 8, 1 (Spring 1983) 2.