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miércoles, 16 de agosto de 2017

Al otro lado de la ventana. Una ponencia en tres actos en torno a un libro y a una trilogía de Maurice Sendak




La primera versión de esta conferencia la presenté en 2015, en el XI Encuentro de Animadores a la Lectura de Arenas de San Pedro, organizado por la Asociación Pizpirigaña. 

Presenté versiones posteriores en otoño de 2015 en la Biblioteca Xavier Benguerel de Barcelona, en unas Jornadas de Formación para libreros de la cadena de librerías Abacus, y en las I Jornadas de Álbum Ilustrado de La Rioja en febrero de 2016. 

El ACTO I de esta conferencia operística está basado en la charla Las ventanas de Sendak, presentada en 2014 en la SCWBI. 








PRELUDIO 

El título de esta charla, “Al otro lado de la ventana” hace referencia a dos cosas. Al otro lado es el título de un libro de Maurice Sendak publicado en 2015 por primera vez en castellano y en el resto de lenguas peninsulares, en Kalandraka.

Para mí es una satisfacción en general que se esté reeditando a Sendak en castellano y en particular que se haya editado por primera vez el que para mí es uno de sus libros más maravillosos, sutiles, complejos y sin embargo inmediatos en la forma en que llega a niños y adultos.

Es una satisfacción no solo que se haya publicado Al otro lado, sino que se publicara con mi traducción en castellano. Es un proyecto que había iniciado tiempo atrás, bastante antes incluso de la muerte de Sendak en 2012. Y es un proyecto en el que invertí mucho tiempo y del que disfruté muchísimo. Es muy especial para mí.

Al otro lado es el libro con el que se completa lo que Sendak consideró una trilogía sobre “cómo controlan los niños diversos sentimientos: el peligro, el aburrimiento, el miedo, la frustración, los celos) y logran entender las realidades de sus vidas” [Lanes, 1980, pág. 227]. Los otros dos libros que integran la trilogía son Donde viven los monstruos, que todos conocéis, y La cocina de noche, en España no tan conocido, porque, aunque lo publicó Alfaguara en su día, estuvo muchísimo tiempo descatalogado hasta el año 2014, cuando lo rescató Kalandraka. La cocina de noche en Estados Unidos quizás no sea tan famoso como Donde viven los monstruos pero desde luego que es muy conocido también. Al otro lado (Outside Over There en el original) es un poco, o bastante, menos conocido. El caso es que es un libro un poco menos amable, un poco más difícil, un mucho más inquietante y por tanto, bastante menos comercial. 

Entonces, por un lado, aquí quiero hablar del libro Al otro lado y de la llamada trilogía a la que pertenece.

Pero la segunda alusión del título también es importante. En Maurice Sendak “al otro lado” no es solo el título de uno de sus libros en castellano. En realidad, el mundo de Maurice Sendak es todo él un mundo “al otro lado”, al otro lado de lo seguro, al otro lado de lo conocido, al otro lado de lo rutinario, al otro lado de la ira. Es, muy a menudo, un viaje al otro lado de la ventana. Este, de hecho, es el título del libro en gallego, Mais alá da fiestra y se acerca mucho más al título que originalmente propuse para el libro, que también contenía la palabra ventana, pero que en castellano quedaba demasiado largo y al final se quedó en Al otro lado que también me gusta mucho. Pero la ventana es un elemento fundamental en Sendak. Así que primero, me gustaría hablaros de ventanas.  



ACTO I

VENTANAS

Las ventanas son un motivo recurrente en toda la obra de Sendak.

Cuando la perrita existencialista de Dídola pídola pon (Higglety Pigglety Pop), se asoma a la ventana y piensa que "la vida debe ofrecer algo más que tenerlo todo". Tiene claro que ese algo más está al otro lado de la ventana y no a éste. Aquí la ventana sirve de frontera entre lo conocido, rutinario y desesperadamente complaciente y la esperanza de algo mejor, más entretenido, que haga que la vida de la perrita cobre sentido.    


Dídola, pídola, pon. Alfaguara 1978.
Las ventanas, en Sendak, nos separan de la oportunidad, pero también del peligro.
Son tentadoras vías de escape pero también protectoras frente a lo desconocido.

Uno de los soldados de plomo de La ventana de Kenny, el primer libro que Sendak escribió e ilustró, se asoma a la ventana, mientras se plantea con otro amigo soldadito si fugarse o no de la casa. Le dice uno al otro: "Eso es el mundo y tiene miles de kilómetros de longitud. Nos perderíamos." Esto de aquí dentro lo conocemos, pero allí afuera, ¿quién sabe lo que hay?


La ventana de Kenny, 1956 (Kalandraka, 2017)
Evidentemente, otro de los papeles fundamentales de la ventana en Sendak es el de frontera entre la realidad y la fantasía.

Y también es una medida del mundo que ves y del mundo que no ves, de tu horizonte. 


En otra escena de La ventana de Kenny vemos a un hombre con un bebé en brazos asomado a la ventana. Dice: “Mira”, dijo el hombre, señalando con el dedo, “mira qué bonitos los copos de nieve”. Pero el bebé se rió y presionó su dedo contra la boca del hombre. Y el hombre le besó los deditos. “Pero mira por la ventana”, insistió, “afuera”. Pero el bebé solo veía la cara del hombre."

La ventana de Kenny, 1956 (Kalandraka, 2017)
Creo que  este horizonte también es importante en Sendak. El horizonte del bebé está a dos palmos de sus ojos. El horizonte del niño un poco más mayor, un poco más lejos. Y el de adulto, con suerte, más lejos aún. A Sendak le interesa también este proceso de ampliación del horizonte en el proceso de maduración infantil, que va en paralelo a la consciencia de la complejidad del mundo y a la consciencia de los deseos. 

En el caso de Al otro lado, la salida de Aida por una ventana supone su salida de la realidad de su casa a una realidad de sueño/pesadilla donde habitan los duendes.

Al otro lado, Kalandraka 2015 (Harper, 1981)

En Al otro lado, de hecho, la ventana es una metáfora que no es puntual. Lo abarca todo. De hecho Sendak llamaba al otro lado de la ventana “Outside Over There”, el otro lado que se mira, pero no necesariamente se toca, lo que hay allá afuera. Lo que impone respeto. El mundo de fantasía, sí, pero también el mundo real, con todos los miedos que puede suscitar. En una entrevista, al referirse a la publicación del libro La ventana de Kenny, se refiere a ello como “la primera vez que se atrevió a salir a “Outside Over There”, “Al otro lado”. Es también una metáfora de la vulnerabilidad del artista al exponerse ante el mundo.

En Sendak la ventana es una frontera –inquietantemente permeable a veces, (inquietante para los adultos),- entre la realidad y la fantasía. Es un símbolo de dentro y fuera, de seguridad e incertidumbre, pero también de lo perpetuante y de lo transformativo. Afuera hay riesgo, pero también es donde se encuentra el único camino, de alguna forma, si es que se quiere seguir vivo o salir vivo de la niñez. El único camino para afrontar la realidad que se vive y conseguir transformarse y reacomodarse para seguir sobreviviendo.

No hay que olvidar tampoco la ventana literal de Sendak: la de su casa de Brooklyn desde la que observó, dibujó y escuchó, anotando con prisa y con ansia todas las estupendas frases que salían por la boca de los chicos del barrio que jugaban debajo de su ventana. Sendak fue un niño debilucho y a menudo enfermo y, tanto de niño como de adolescente y de joven veinteañero, se pasaba horas y horas mirando por la ventana, observando, escuchando, dibujando lo que veía, apuntando lo que oía.

Una educación literaria como pocas, la observación de este tipo, ¿no? Sendak aprendió a mirar con intención literaria y entrenó esa mirada. Aprendió a entresacar la ficción de la realidad. Desarrolló una mirada y un oído de autor. 

La ventana como punto de observación y de aprendizaje de la mirada literaria. Simplemente seleccionar qué dibujar y qué apuntar ya es un acto literario, en alguna medida, o puede ser la base para ello. Seleccionar lo relatable de la vida para que cuando se relate en ficción, parezca la vida misma.

 





Desde esta ventana literal dibujó todos los cuadernos llenos de bocetos que darían lugar a El letrero secreto de Rosie, basado en una niña en particular, llamada Rosie en la vida real, a la que observó durante cuadernos y cuadernos durante un periodo de un par de años.

También fue esta ventana la que le dio acceso a los personajes que se convertirían en los protagonistas de su maravillosa Minibiblioteca.   

Kalandraka, 2016 (Harper, 1960)
Alfaguara, 1977. (Harper, 1962)

Pero la ventana de este punto de observación, punto de vista o perspectiva no es solo la literal, incluye mucho más. Incluye memoria [son muchos los que se han referido al espectacular talento de Sendak para evocar emociones infantiles y se han preguntado por este acceso especial que parece tener a su psique de niño], incluye memoria, incluye ensoñación, incluye lecturas, cine, pintura y muy especialmente, música. Es una ventana visual, auditiva y emotiva y sobre todo, enormemente juguetona y rica.

Os invito a asomarnos a esa ventana de intereses y de puntos de atención de Sendak para ver primero el caso concreto de Al otro lado y luego la trilogía y plantear si llega a ser o no una trilogía. Yo creo que sí lo es, más o menos.

Pero empezaré con Al otro lado.


ACTO II

AL OTRO LADO.

ESCENA I. LECTURA. 

Lo primero que voy a hacer, creo yo que es lo primero que se debe hacer cuando se va a hablar de un libro (especialmente si es corto como es el caso) es leer el libro. Para que todos nos situemos y todos sepamos de lo que estamos hablando.

[Lectura en voz alta de Al otro lado.]

Yo confieso que la primera vez que lo leí, me impresionó y me ocurrió algo que nunca me había ocurrido antes con ningún libro. Me pregunté si realmente quería leérselo a mi hijo, que entonces tenía 2 años y medio. Quizás porque pensaba que era demasiado pequeño para que le interesara, por un lado, pero también confieso que me pregunté a mí misma si era “apropiado”. Ningún otro libro me había despertado esa aprensión tan instintiva. Y por un momento, sin darle tampoco gran trascendencia al asunto, lo aparté. Pero esa misma tarde, mi hijo lo vio, lo agarró y me lo trajo. "¿Me lees éste?" Decidí hacerlo. Y me sorprendió lo muchísimo que le gustó a la primera. Estaba hipnotizado y me pidió que se lo leyera una y otra vez. Otra vez. Otra vez. Otra vez. Varios años más tarde, -mi hijo tiene ahora 8 años- es un libro que seguimos leyendo y que nos sigue gustando mucho. Tiene una atracción casi hipnótica, difícil de resistir.

Pero es interesante pensar y preguntarnos: ¿Por qué despierta este libro tanta inseguridad entre padres o adultos en general? ¿Incluso entre padres y adultos predispuestos a sentir y pensar de otra forma? El caso es que las ilustraciones y el texto evocan tantas cosas, y tan ambiguas que rozan zonas muy incómodas de nuestro inconsciente de adultos, que nos paraliza un tanto. ¿Exponer a un niño a todo esto? ¿Estamos locos?

Creo que es importante pensar en una cosa, que es la perspectiva o la mirada lectora. Mientras los adultos nos preocupamos por el miedo que puede provocar en los niños la idea de que unos duendes penetren en el hogar y roben a los niños, o nos incomodamos por la mención de que roban a la hermana de Aida –un bebé- “para casarla con un duende”, y con la idea de que una hermana mayor pueda fantasear que a su hermana “le pase algo” y que ese algo que fantasee pueda ser algo muy terrible, mientras al adulto le preocupan todas estas cosas, los niños es muy probable que se estén fijando en algo completamente diferente.

Un día quise preguntarle a mi hijo, ya con 6 años, qué le gustaba del libro.

Lo primero que me dijo fue que le gusta que Aida sea una niña que no es demasiado princesita, cito textualmente, “es más parecida a un niño”. Otra cosa que me dijo es “que es un libro razonablemente largo”. Le pregunté si le da miedo o si piensa que a otros niños podría darle miedo. Y me dijo: Para nada. No da miedo, es divertido. Es como una aventura. ¿Ni siquiera los duendes y el bebé de hielo? No, me parecen bastante graciosos.

Evidentemente, cada niño es distinto, pero es muy interesante fijarse en la perspectiva lectora. Los adultos, cuando leemos el libro, nos posicionamos en el rol de protectores del hogar y nos desencaja esa violación de la intimidad, ese secuestro dentro de lo que se supone debería ser el lugar más seguro del mundo: el hogar. Nosotros como adultos se supone que debemos ser capaces de proporcionar un hogar seguro para los niños. Quisiéramos haber protegido al bebé. Y nos parece terrible que ese bebé esté a merced de esos duendes malvados. Nos sobrecoge. Sin embargo el foco de atención de las niñas y niños lectores es muy probable que no esté puesto en el bebé (el bebé no es un personaje, no hace nada, le hacen –le arrullan, la secuestran, la rescatan), pero el personaje es Aida y el foco estará en ella. A Aida en este sentido no le hacen nada. Ella tiene una oportunidad de ser una heroína. Se viste la capa amarilla de su madre, como una superhéroe. Y sale, y aunque se equivoca desastrosamente al salir por la ventana “del revés”, logra arreglar la situación, con un poco de ayuda de su padre marinero, que le manda esa retahíla, pero sobre todo gracias a su astucia, a su valentía y a lo que es capaz de hacer con su cuerno mágico.

Esto sería una lectura bastante en la superficie. Una superficie muy disfrutable, como hemos visto, a edades tan tempranas como los dos años. Pero esto no quiere decir que los niños solo “pillen” la superficie. Como dijo el propio Sendak, “los que leen sólo las capas superficiales suelen ser los adultos; yo creo que los niños leen los significados internos de todo”. (The Art of Maurice Sendak, de Selma Lanes).


Los significados internos en el caso de Al otro lado no tienen mucho que ver con el miedo. Tienen mucho más que ver con los sentimientos ambivalentes de la hermana mayor hacia su hermana pequeña. Amor, responsabilidad (motivo de temor y orgullo a partes iguales) y heroísmo. Trata de comprender las lealtades de uno mismo hacia sus hermanos, su familia, en un mundo lleno de confusión, como es el mundo de cualquier niño o niña, incluso aunque el padre no esté en el mar, y la madre no esté bajo la pérgola, dispersa y ausente. Al otro lado conecta con la terrible sensación de tener una responsabilidad y de fallar o de cometer un error. Por un lado, se siente un orgullo por haber sido encomendado esa responsabilidad, y al mismo tiempo, se tiene temor a fallar, a fracasar ante esa responsabilidad y a que se descubra que quizás no eres digna o digno de tamaña responsabilidad. Al mismo tiempo, quizás se sienta rencor por tener esa responsabilidad y una sensación de que te queda grande. Es toda una explosión de sentimientos, difíciles de conciliar. No es fácil la infancia. 

Pero también está la esperanza de que incluso el peor de los errores puede remediarlo uno mismo. Entonces, tenemos la responsabilidad, la valentía, la vida y la supervivencia en un mundo difícil de comprender. Yo creo que estas cosas tocan directamente a los niños de una forma intuitiva. Con diferentes capas de apreciación consciente según la edad, pero los libros de Sendak son muy cebolla y uno de los grandes placeres de leer a Sendak con niños, de compartir la lectura de Sendak con niños a través del tiempo, es ver cómo las capas de un mismo libro van desvelándose a medida que se van haciendo mayores. Así, sus libros crecen en complejidad a medida que los niños crecen en edad y sofisticación de comprensión.  

Esto es algo aplicable generalmente a la lectura con niños, me parece. La idea que se tiene de la capacidad de comprensión de los niños es extremadamente rígida. Esto es un aparte, realmente, pero me parece algo que es importante señalar. En general el mercado es muy rígido con las edades recomendadas y los lectores y los adultos prescriptores y mediadores suelen “obedecer” un poco demasiado a estas recomendaciones por edad. Que un niño no comprenda absolutamente todos los niveles de lectura posibles de un determinado libro no quiere decir que no pueda disfrutar –y mucho- de un nivel de lectura determinado y además, estas primeras lecturas le sirven para comprender más profundamente las futuras lecturas del mismo libro en edades posteriores. Y es un proceso muy disfrutable para los niños, ir descubriendo profundidades en libros que conoce “desde siempre”. La obra de Sendak es perfecta para ver esto y disfrutar de este proceso de descubrimiento de significado con los niños.

Después de este aparte, vuelvo a Sendak y Al otro lado. Desde mi reacción insegura la primera vez que leí el libro ha pasado ya tiempo, y desde entonces se ha convertido primero en uno de nuestros álbumes ilustrados favoritos y posteriormente en un interesantísimo proyecto de traducción. Esto debo agradecérselo principalmente a Sendak, que es el rey de los libros que crecen con cada lectura, pero también en gran parte a mi hijo, que me hizo ver más claro que nunca que los temores de los adultos a lo que puede despertar temores en niños suelen estar basados en... temores de adultos.    




ACTO II. AL OTRO LADO. 


ESCENA II. FUENTES DE INSPIRACIÓN


Me gustaría hablar de las distintas influencias e inspiraciones directamente mencionadas por Sendak en relación a este libro, Al otro lado. ¿Qué estaba viendo y oyendo  Sendak por su ventana cuando escribió este libro? Creo que plantear la rica y ecléctica variedad de fuentes de inspiración nos puede dar claves interesantes sobre el proceso de creación de Sendak.

Por un lado, Sendak habla de su propia infancia:

Maurice Sendak (el bebé) en brazos de su madre,
con su hermana Natalie y su hermano Jack.

Dice:
"Es básicamente la historia de mí mismo y mi hermana. Ella es Aida y su enfado, o incluso ira, por tener que cuidar de mí. Insinuar eso como parte de una relación en un libro para niños resulta duro porque hay un concepto equivocado de lo que es un libro infantil y de lo que debe contener y lo que no debe contener y de lo que debe tratar y no debe tratar. Y en esencia la idea es que sean sanos, divertidos, ingeniosos y optimistas, los libros, y que no muestren las pequeñas miserias de la vida real. Pero yo recuerdo cómo era la vida real y no sabía sobre qué otra cosa podía escribir.”

El secuestro del bebé Lindberg


Otra de las influencias o fuentes de inspiración que Sendak menciona explícitamente es el secuestro del bebé Lindberg. 

En 1932, el secuestro de un bebé conmocionó a Estados Unidos. No era un bebé cualquiera, era el hijo pequeño del piloto Charles Lindbergh, que 5 años antes se había convertido en el primer piloto en cruzar el océano Atlántico en un vuelo sin escalas y en solitario. Era un bebé rico, de una familia privilegiada y Sendak cuenta cómo le tocó aquello. Él tenía unos 3 años y medio y le marcó toda la conmoción, los periódicos, la radio.

Recuerda específicamente hacer escuchado por la radio a la madre apelando al secuestrador para que tuviera en cuenta que el niño estaba resfriado y le frotara el pecho con Vicks Vaporub.


"Era rubio", decía Sendak. "Su padre era el Capitán Maravilla y su madre una princesa del universo. ¿Cómo podía sucederle eso a esa familia?" El secuestro y el posterior descubrimiento de su muerte accidental (a los secuestradores se les cayó el bebé mientras bajaban por la escalera que habían apoyado en la ventana) fue algo que marcó a Sendak niño y que se quedó con él para siempre.

Él explica que le hizo muy consciente de su propia mortalidad.

Lo que se dice un cuento de terror en directo.








Las quintillizas Dionne

Las quintillizas Dionne

A Sendak le encantó esta historia real de cinco niñas tomadas de sus padres naturales y criadas como princesas.

El cuento “Los duendes” de los hermanos Grimm, el cuento "Los ganso-cisnes", de Afanasiev

Al otro lado  llegó después de que Sendak ilustrara los cuentos de los hermanos Grimm. La influencia en este sentido tiene que ver con un cuento en concreto, “Los duendes”, en el que una madre (no una niña, como en el caso de Aida) sufre un terrible engaño a mano de los duendes, que se llevan a su bebé, dejando a un engendro en su lugar con ojos que no hacían más que mirar y que no hacía más que comer y beber. Acude a una vecina a pedir consejo y ésta le dice que lleve al engendro a la cocina, lo ponga en el hogar, encienda un fuego y haga hervir agua en dos cáscaras de huevo.


Ilustración de Maurice Sendak de El enebro y otros cuentos 
de GrimmLumen 1989. Farrar, Straus and Giroux, 1973

La mujer hace lo que le aconsejan y justo cuando estaba poniendo las cáscaras de huevo con el agua a hervir, dice el engendro. 


Soy más viejo que los bosques de occidente, pero nunca he oído de nadie que hirviera agua en cáscaras de huevo y se pone a reír. Esa risa rompe el hechizo e inmediatamente los demás duendes llegan, devuelven al bebé verdadero y se llevan al otro.

La ilustración de los cuentos de Grimm, y el viaje a Alemania que hizo con motivo de ello, le influyó también en el aspecto visual, como veremos.

Otra posible fuente de inspiración, aunque no fue mencionada explícitamente por Sendak, (pero sí por el estudioso de Sendak John Cech) podría ser un cuento ruso de Afanasiev, los ganso-cisnes, en el que un padre y una padre dejan a su hija al cuidado de su hermano pequeño mientras se van a trabajar. “Cuida de tu hermano”, le dicen. No salgas del jardín, sé buena y te compraremos un pañuelo. El padre y la madre van a trabajar y la niña no tarda en olvidar sus palabras. Coloca a su hermanito en la hierba bajo una ventana y se va corriendo al jardín, donde se olvida de todo excepto de su gozoso juego. Entonces llegaron los ganso-cisnes, atraparon al bebé y se lo llevaron volando.


Y acaba así: La niña agradecida, tomó a su hermano de la mano, fue corriendo hasta su casa. 


Y justo después de llegar, volvieron su padre y su madre.


Otra fuente de inspiración, no muy conocida y española, fue la película de Víctor Érice, El espíritu de la colmena

Según Sendak, quiso captar en Aida algunas de las cualidades que resultaban tan conmovedoras de la actuación de Ana Torrent en esa película. Lo “ve todo, con una mirada de serena inteligencia”, explica Sendak, “pero se equivoca totalmente. Mis dibujos de Aida se basaron en memorias visuales de Ana Torrent”.

El espíritu de la colmena, 1973. Víctor Érice.





















Mozart y la Flauta Mágica

Y por último, aunque es muy posible que Sendak mencionara alguna otra fuente de inspiración en algún momento, está Mozart y la Flauta Mágica.

De hecho, Mozart preside el libro entero. Tiene un cameo: aparece en un momento del libro cuando está Aida volviendo ya a casa con su hermana, pero aparte, Sendak cuenta que mientras ilustraba Al otro lado escuchaba siempre a Mozart y luego, hay un evidente paralelismo entre el cuerno mágico de Aida y la Flauta Mágica de Tamino.

En 1976, le habían llamado para encargarle el diseño de los decorados y el vestuario para una nueva producción de la Flauta Mágica para el Houston Grand Opera, que se estrenaría en 1980.

Sabemos que estuvo trabajando en ambos proyectos al mismo tiempo.


La flauta mágica, de Mozart, con decorados y
vestuarios de Maurice Sendak,  estrenada en el Houston
Grand Opera en 1981

También sabemos que Sendak escuchaba música mientras dibujaba y le gustaba jugar a “componer” sus ilustraciones al ritmo de la música. Le gustaba la idea de que las ilustraciones fueran un acompañamiento visual para la música. Lo llamaba su “juego secreto”.
 
Luego hablaré más sobre la música en el libro, y la música en Sendak en general, pero quiero detenerme aquí un momento y repasar las inspiraciones de las que hemos hablado.

Hemos dicho, en primer lugar, su propia infancia. Aquí conviene aclarar algo con palabras del propio Sendak: “No es que recuerde nada específico que pasara”. Es más la evocación de una emoción o de un conjunto de emociones”.





Entonces tenemos: 
Su propia infancia.
El secuestro de Lindbergh.
Las quintillizas.
Ana Torrent en el Espíritu de la Colmena
Los hermanos Grimm y la tradición de los cuentos de hadas.
Y Mozart.

Y el asunto es que cada vez que se refiere a estas distintas inspiraciones habla de ellas como si fueran la más importante, la determinante, casi la única.

Creo que esto nos da muchas claves acerca del proceso de creación de Sendak.

Los libros de Sendak parecen empezar con un puñado de asociaciones –el olor a pan recién horneado de una panadería en concreto (La cocina de noche), unos familiares incómodamente besucones (los monstruos de Donde viven los monstruos), un juguete, una imagen de un libro de cuando él era niño, que se van acumulando y a los que va expandiendo y tejiendo en un delicado equilibrio hasta crear lo que acaba siendo un libro.

En cierto sentido ninguna de estas inspiraciones que Sendak mencionó explícitamente como fuente directa de inspiración de Al otro lado es más importante que las demás. En lugar de una línea directa entre inspiración y creación, Sendak se monta una especie de estructura de distintos elementos de inspiración con los que juega y se cuenta a sí mismo el proceso de creación mientras está creando. El resultado es esa extraordinaria abundancia de significados repletos de rica ambigüedad.

“Mis historias me vienen en la forma de trozos de recuerdos que no parecen relacionados. Pero algo en mí se empeña en relacionarnos, van a funcionar juntos, pase lo que pase.”. En eso consiste el juego, ¿no?

Pero lo que Sendak ve desde su ventana de creación no es solo las fuentes de inspiración que menciona. Están también las influencias pictóricas y visuales.


ACTO II. AL OTRO LADO. 

ESCENA III. REFERENCIAS VISUALES




Al otro lado, como hemos dicho, llegó después de que Sendak ilustrara los cuentos de los hermanos Grimm, para lo que hizo un viaje a Alemania. Allí se enamoró "apasionadamente" de los románticos alemanes, según cuenta él mismo. Y con ese sentido de humor tan suyo, explica que Al otro lado es como un cuadro malo de Runge".

Al otro lado
Los niños de Hülsenbeck
                          
A Sendak le gustaban los ojos que miran al que mira en los cuadros de Runge.

Tanto en Al otro lado, como en Querida Mili, el cuento basado en una carta descubierta de Wilhelm Grimm a una niña, vemos una fuerte influencia de Runge.


Querida Mili, de Grimm, ilustrado por Sendak.
Farrar, Strauss & Giroux, 1988
Castellano: Aliorna, 1988
La atracción de Sendak por Runge radicaba también en la representación de los niños en la obra de Runge. En Runge a los niños no les quedan pequeña la arquitectura que les rodea (fijaos en la valla por ejemplo), sino que parecen gigantes crecientes que nos observan. El efecto de la portada de Al otro lado es parecido.

En las siguientes imágenes, veis el retrato de la mujer y del hijo de Runge, que nos recuerda a Aida con el bebé en brazos. Veis otro retrato de una niña, al lado de la ventana, parece que hay mar al otro lado.

Runge. Retrato de la mujer e hijo del artista.


            
Runge. Retrato de Cornelia Perthes

El triunfo de Cupido de Runge nos recuerda a esos duendes bailando.
Runge. El triunfo de Cupido.

Otro romántico que le inspiró o al que “copió”, como decía Sendak, fue Caspar David Friedrich.

Friedrich. Luna saliendo sobre el mar.
En la escena donde se están despidiendo del padre en el puerto, la madre, Aida y el bebé que nos mira, es evidente la influencia.

Y en este cuadro de Friedrick, Mujer asomada a la ventana, es también evidente la influencia.

Otra influencia muy presente en este libro y también en otros de Sendak es William Blake, especialmente en cuanto a composición y paleta (hay varios homenajes directos a Blake en la obra de Sendak, como por ejemplo sus ilustraciones de Pierre, de Melville, y también en el libro-homenaje a su hermano, en el libro póstumo “My Brother’s Book”, que directamente parece algo salido de Las canciones de inocencia y experiencia).

La composición de El espíritu de Platón, de Blake, está reflejada en la composición de la primera imagen que vemos de la madre de Aida ya de vuelta del puerto de despedir al marido.
Escena de Al otro lado
El espíritu de Platón, de Blake


Y la paleta de otros cuadros de Blake se ven reflejados en muchas de las imágenes de Al otro lado.

William Blake. La Virgen con el Niño Jesús montado
el cordero y San Juan


Pero también hay cosas que nos pueden recordar a El Greco:


El Greco, La agonía en el huerto.
                                                                             
Esto recuerda a la composición de la parte de las cuevas de Al otro lado.

La misma escena pintada por Andrea Mantegna produce los mismos ecos y reconocimientos:

Andrea Mantegna, La agonía en el huerto.




En la escena donde Aida reconoce a su hermana por eliminación (los otros bebés se han licuado) y la hermana de Aida la reconoce a ella: ¿se está haciendo mayor?, un hermoso guiño a Miguel Ángel.


¿Un guiño a Miguel Ángel?


Otra influencia importante es Arthur Hughes y, especialmente, las ilustraciones que hizo para La princesa y el duende, de George MacDonald, un autor muy querido por Sendak, del que él mismo ilustraría La llave de oro y La princesa ligera y al que le dedicaría un breve y amoroso ensayo en la colección de escritos Caldecott & Co

Arthur Hughes. La princesa  el duende de
George MacDonald





ACTO II. AL OTRO LADO. 

ESCENA IV. ¡MÚSICA!

Hasta aquí la ventana visual: lo que veía Sendak por su ventana de creación. Pero no podemos hablar de la ventana de creación de Sendak sin mencionar la música. Ya hemos mencionado a Mozart, cuando hablábamos de sus fuentes de inspiración.

En la portada de al Al otro lado ya vemos el cuerno de Aida, que funciona casi a modo de atributo mitológico. Aida, la del cuerno mágico. Luego, ya sabemos que lo usará tanto para perder como para recuperar a su hermanita. Cuando abrimos, esas tres escenas introductorias en páginas separadas sirven casi de preludio a la pieza que Sendak nos va a tocar. Sendak se ha referido a lo que intentaba hacer en Al otro lado como “un intento de escribir una ópera en imágenes”. A esto vamos a volver luego, porque es importante para hablar de la trilogía. Pero sigamos.

Sendak se refiere también al libro como “una frase musical que apenas se mantiene unida – si falla una nota, todo se cae-“. Esto es realmente, la descripción del ideal del libro álbum. Un ejercicio de armonía y contrapunto donde lograr el equilibrio es casi una heroicidad.

Efectivamente, en Al otro lado Sendak logró crear una combinación perfecta de dos melodías, una visual y otra sonora que se entrelazan de una forma que ocurre muy muy poco.

La parte sonora está en el texto cuando se lee en voz alta, pero también en la musicalidad de las imágenes que se mueven y casi, casi suenan, y en la combinación entre el texto y la imagen.



ACTO II. AL OTRO LADO. 

ESCENA V. LA MÚSICA EN EL TEXTO

El texto tiene 359 palabras. Para ilustrar, Sendak escuchaba música, pero para escribir necesitaba silencio absoluto. “Escribir es el ejercicio más privado que existe y muchísimo más difícil que ilustrar. Sé que no sería ilustrador sin palabras. Nunca he hecho ningún libro bueno a no ser que el texto me emocionara. Y mis propios textos tienen que ser muy muy buenos, según mi propio criterio, antes de siquiera plantearme ilustrarlos”.

El texto original de Al otro lado resulta  poéticamente hipnótico, con cada palabra, cada sonido, elegidos con absoluta decisión para incorporar toda la ambigüedad y generar toda la confrontación de sentimientos que se pretende, combinándose de forma musical con las imágenes.

La primera vez que se lee Outside Over There -hablo de la lectura del original inglés- resulta un tanto extraño. Es un texto al que, de primeras, no es fácil encontrarle el ritmo y la cadencia, que parece a veces detenerse donde debe seguir y seguir donde debe detenerse, que juega constantemente con lo que espera el oído (si te esperas una rima, no llegará donde tú piensas que debe ir, sino cuando menos te lo esperas, un poco después un poquito antes, o nunca). Sin embargo, con cada lectura y a medida que se va interiorizando, resulta especialmente bello y poéticamente logrado justo en esas partes que frustraban, extrañaban y chocaban la primera vez. 

Sendak estira las frases como quiere. Como lectora en voz alta, te pierde por un momento y luego te coge de la mano y te devuelve a donde tenías que estar con suavidad, sin que tú te des cuenta. La experiencia de leerlo en voz alta es casi como ir por un camino oscuro que desconoces pero donde van apareciendo como por arte de magia las herramientas que necesitas para no perderte.

Esta experiencia subjetiva de lectora en voz alta se percibe también en los oyentes. Desde la primera frase, es un texto que cautiva y al que no tienes remedio más que entregarte.

Outside Over There en inglés es un libro muy especial para leer en voz alta.

[Lectura en voz alta de Outside Over There]


Sendak dijo haber revisado el texto más de 100 veces y desde luego que no hay ni una palabra que sobre ni una palabra que falte. Y efectivamente, uno tiene la sensación de que si algo falla, todo se cae.

Imaginaos, entonces, la pequeña presión a la hora de la traducción. 

Si ya en inglés (un idioma flexible, estirable y deformable por naturaleza), extraña la primera vez que se lee, el esfuerzo por reproducir una sensación parecida en el castellano corría el peligro de que “se culpara” a la traducción por la extrañeza que puede provocar.

La tentación hubiera sido hacer una traducción más rimada (como optaron por hacer en la versión francesa). Sin embargo, creo que una rima y un ritmo más claro y más cerrado le restaría un elemento que bajo mi punto de vista forma una parte esencial de la obra.

Creo que la peculiaridad del texto es fundamental en las emociones que nos genera el libro. La suavidad, la elasticidad y la fluidez del texto nos mantiene en un lugar donde nos sentimos “seguros” a pesar de lo que vamos sintiendo y de lo que nos evocan las imágenes y el significado del texto. Una rima más cerrada, podría restar sutileza y ambigüedad al resultado y pienso que el gran acierto de este libro es toda la ambigüedad que contiene y la ambivalencia que genera.

Por eso busqué recrear el ritmo, la cadencia y cómo se estiran las frases y el lenguaje.

Una cosa peculiar de los tres textos de los libros que Sendak consideraba una trilogía, Donde viven los monstruos, La cocina de noche y Al otro lado, es cómo estira el texto como chicle de página en página.

En una entrevista de radio de 1970, Sendak se reía de todas las interpretaciones psicológicas de sus obras. Especialmente, La cocina de noche, decía, que algunos han convertido en una especie de manual freudiano. "Es interesante a veces leer esas interpretaciones psicológicas, pero también tiene un lado aburrido, porque cuando uno escribe un cuento, no piensa en eso. Piensa en escribir una buena historia. Un álbum es difícil. ¿Cómo consigues que un niño quiera pasar siempre a la siguiente página, hasta el final? Hay que contarle una buena historia. Hay que hipnotizar al niño."

En realidad, Sendak utiliza muchos trucos de hipnosis, entre ellos, efectivamente, unas muy buenas historias, pero uno de los más interesantes desde el punto de vista del lenguaje (y por tanto de la traducción) es este truco del chicle que os digo. Estira las frases como quiere, de forma que hace que casi todo parezca una misma frase. Empieza la frase en una página y puede acabarla cuatro, cinco, seis, siete páginas más tarde. Claro, si tu empiezas a leer una frase, no la vas a dejar a medias! Tu cerebro necesita que se complete y busca el resto de la frase. Incluso cuando acaba la frase, lo hace de tal forma que siempre te preguntes ¿y qué pasó luego? Porque después de una frase así, no puede dejar de pasar algo interesante. ¿Qué más? Y así te mantiene atento hasta la última página.

Veréis. En un momento vamos a leer los otros dos libros de la trilogía, a ver si se aprecia a lo que me refiero con las frases chiclosas.


ACTO III


LA TRILOGÍA

Como hemos dicho antes, Al otro lado es el tercer libro de lo que Maurice Sendak consideró una trilogía sobre “cómo controlan los niños diversos sentimientos (el peligro, el aburrimiento, el miedo, la frustración, los celos) y logran entender las realidades de sus vidas”. Los otros dos libros que integran la trilogía son Donde viven los monstruos y La cocina de noche

[Lectura de Donde viven los monstruos y La cocina de noche

Tres libros publicados en tres décadas distintas, que cuentan la historia de tres niños (una de ellos niña) que no tienen ninguna conexión entre sí, ilustrado en tres estilos distintos…

Tres libros muy distintos, pero los tres son ensoñaciones en las que un niño (o niña en este caso) tiene una aventura en la que debe afrontar y superar una serie de obstáculos no siempre del todo explicitados antes de volver a la seguridad de su hogar (en el caso de Al otro lado), de una cama acogedora (en el caso de La cocina de noche) o de una sopa que sigue calentita (en el caso de Donde viven los monstruos).

Son libros donde hay un viaje de ida y vuelta, aparentemente un viaje “allá afuera” (outside over there), pero en realidad, “aquí adentro”, un viaje en la fantasía interior del niño o de la niña.

Los tres llevan por título el nombre de un lugar, un topónimo. Donde viven los monstruos. La cocina de noche (que no es la cocina durante la noche sino ese lugar, “la cocina de noche” que es un lugar distinto a “la cocina de día”). Y por último “Outside over There” (literalmente “Allá afuera”).

En una de las primeras charlas que di sobre Sendak, sobre sus ventanas sobre todo, y sobre la relación entre el juego y la ficción en su obra, una de las preguntas al final, se refería a qué elementos había realmente para afirmar que estos tres libros son en realidad una trilogía, más allá de que lo afirmara el autor. Es una pregunta muy interesante, que hizo concretamente Gustavo Puerta.

Y a partir de ahí, le he dado vueltas. Por un lado, no veo por qué iba a llevarle yo la contraria a Sendak.  Los tres libros, dijo Sendak, "tratan de una distracción de tan solo un minuto: un ruido en la cocina de noche lanza a Miguel a una serie de acciones extrañas; una rabieta, una palabra equivocada, provoca todo lo que ocurre en Donde viven los monstruos; un minuto de distracción/ensoñación, permite que ocurra el secuestro en Al otro lado

Pero por otro lado, me he ido haciendo preguntas. Independientemente de qué criterios se apliquen para considerar algo una trilogía, e independientemente de si es suficiente que compartan una ensoñación, una aventura y un viaje, el caso es que estos no son los tres únicos libros de Sendak que comparten eso. 

En el primer libro ilustrado y escrito por Sendak, La ventana de Kenny, Kenny sueña y durante el sueño debe responder a una serie de preguntas. Debe partir y volver, habiendo superado estos retos.


El segundo, de 1957, se llama Very Far Away (Muy Lejos de Aquí), y empieza así:
"¿Dónde está Muy Lejos de Aquí?" Martín le hizo una pregunta a su madre pero ella estaba ocupada bañando al bebé y ni siquiera lo oyó.  
"Pues me iré de aquí", dijo Martín. "A algún lugar Muy Lejos de Aquí donde alguien conteste a mis preguntas." E hizo su maleta y se puso un disfraz de cowboy y un bigote falso para que nadie lo reconociera y fue a buscar Muy Lejos de Aquí. Y por el camino…

Y al final vuelve al calor del hogar.  

Si hay más libros con viaje de ida y vuelta, ¿por qué sólo estos tres son una trilogía? ¿Por qué no se habla más bien de una serie de elementos, de arquetipos y de patrones con los que juega en casi toda su obra? ¿Por qué la insistencia en la trilogía?

El propio Sendak habló de la trilogía, pero también de su trabajo en general, como una serie de variaciones sobre un mismo tema:

"No es que tenga ideas originales, pero se me da bien hacer variaciones de la misma idea una y otra vez [. . . .] Es lo único que le hace falta al artista: una fantasía u obsesión que tire de él. Y luego ser lo suficientemente listo para hacer variaciones, como una serie de variaciones de Mozart. Son tan buenas que se te olvida que están basadas en un único tema". 

Yo creo que esta idea de variación musical aplicada a la obra de Sendak es una herramienta de partida para un análisis muy bueno, pero me sigue sin contar qué tienen de especial estas tres variaciones en concreto para que se las llame trilogía.

Y aquí, a mí me gustaría volver a la idea de ópera que hemos mencionado antes. Decía Sendak que con Al otro lado había querido hacer una ópera sobre papel.

En un relato de una conversación con Sendak del director de ópera Frank Corsaro, que fue el que le llamó y le propuso hacer el vestuario y decorados para La flauta mágica de Mozart, cuenta cómo después de hablar ellos, se reunieron con el director de la opera de Houston.

Capo: "Escuche, Sr. Sendak, diseñar una ópera no es lo mismo que escribir un libro para niños."
Dice Frank Corsaro: "Miré a Sendak y vi una mirada de monstruo en sus ojos."
Sendak: "Estoy de acuerdo, aunque solo en parte. Dígame, ha visto  o leído alguna vez uno de mis libros?"
El capo rebuscó en su maletín y sacó una copia recién adquirida de Donde viven los monstruos y lo mostró.
Sendak: "Dale la vuelta, échale un buen vistazo a la cubierta."
El capo hizo lo que le pedía.
Sendak: "Y ahora dígame que lo que tiene en las manos no es una ópera."

He buscado desesperadamente una cita de Sendak diciendo que La cocina de noche también era una ópera, pero he fracasado.

Pero eso no me va a impedir decirlo aquí. Donde viven los monstruos, La cocina de noche y Al otro lado son una trilogía, no sé, pero un trío seguro, ¡un trío de óperas!

(De hecho, en los 90 se hizo una ópera de Donde viven los monstruos, en la que participó Sendak).

Pero más en serio, y más allá de motivos parecidos o una serie de elementos analizables en los tres como unidad de cierto tipo, no encuentro tantas cosas que contengan los tres y no contengan otros.

La única cosa que percibo que es diferente en estos tres es lo que voy a llamar “una intención musical”.

Son tres álbumes que tienen no dos planos, imagen y texto, en contrapunto y armonía, sino tres. Imagen, texto y música. Y esta música no viene solo del texto, de la lectura en voz alta, sino también de la imagen. En este sentido estos tres libros casi conforman un género en sí mismos.

Sendak partía de la convicción de que una de las cualidades esenciales de las ilustraciones para libros infantiles es la inyección de vida, la puesta en acción o la animación. “Para mí”, decía Sendak, “concebir musicalmente” significa despertar la vida del libro ilustrado.

No sé si son óperas, pero desde luego que son, entre otras cosas, piezas musicales. Y como piezas musicales, sí que se parecen una barbaridad.  

Sendak hizo otras piezas musicales. Hizo óperas. Brundibar, con Toni Kushner, por ejemplo o El cascanueces

Participó en muchas más (ya hemos mencionado La flauta mágica, pero también diseñó los decorados para Hansel y Gretel, de Humperdinck, de Idomeneo de Mozart, entre otras colaboraciones en producciones operísticas) pero, en tanto que piezas musicales, ningún otro de sus libros se parece a estos tres.

Con un texto tan breve, que conforma una sola unidad gramatical. Con una cadencia que te saca a bailar cuando lo lees en voz alta. Con unas imágenes vivas que por sí solas cautivan pero que, en conjunción con la música de la palabra, hipnotizan.

Y creo, también, que el criterio para destacarlos como trilogía es la calidad. Son tres libros excepcionales en su redondez. Son ejemplos de esas pocas veces que se consigue aquel equilibrio heroico que mencionábamos antes entre armonía y contrapunto, de texto,  imagen y explosión de significado.

Una de las cosas que me llama la atención de estos tres libros está relacionada con la definición de libro álbum como un libro que no se puede leer por teléfono, porque, se entiende, el significado no está completo sin la imagen. En el caso de estos tres libros de Sendak, yo creo que el asunto va más allá. Los tres libros sí se pueden leer perfectamente por teléfono: el texto se sostiene solo. También se pueden leer perfectamente sin texto: las imágenes se sostienen solas. Pero el tercer nivel que se crea con la combinación de imagen y texto resulta realmente sublime.

Leía el encabezado del capítulo dedicado a Al otro lado en uno de los mejores libros de apreciación de Sendak, Angels and Wild Things, The Archetypal Poetics of Maurice Sendak, de John Cech, y veía que había una cita de Van Gogh: “Es probable que la vida sea redonda”, decía. 

En estos tres libros Sendak refleja esa redondez de la vida, el círculo es completo, el ciclo se repite.

Son viajes de reacomodo, para afrontar, asimilar o rechazar un determinado sentimiento y salir reacomodado, consciente de que al día siguiente es probable que sea preciso otro viaje de reacomodo. Así es la infancia, y probablemente la vida entera. 


FIN


(c) de la ilustración, Maurice Sendak Estate. 

(c) del texto, Ellen Duthie. Puedes copiarlo o reproducirlo, pero sé buena gente y cita la fuente (autora y blog).