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martes, 23 de mayo de 2017

Dos ratones, ¿dos bocados?

Dos ratones, Sergio Ruzzier
A Buen Paso, 2017
Versión original: Two Mice

Clarion Books, 2015

Desde que salió Two Mice en 2015 llevo tratando de sacar el tiempo necesario para dedicarle una reseña como merece mi entusiasmo por este libro. Ha tenido que salir Dos ratones (¡gracias, A Buen Paso!), y hace dos meses ya, para que algo en mí me diga que esperar más sería impresentable. 


Dos ratones es sin duda uno de los álbumes que más me ha gustado en los últimos años. 

Proponerse escribir un libro para contar para primerísimos contadores y prelectores y aspirar a la originalidad es ambicioso a estas alturas y sin embargo Ruzzier no se arruga, persiste y lo consigue: un, dos, tres, tres dos uno. Así de fácil. Ruzzier aplica el patrón ascendiente y descendiente de contar y descontar hasta tres, cuatro veces. Ni más de menos. Esos cuatro movimientos proporcionan la puntuación, el ritmo y la estructura del vaivén principal del libro: un viaje de ida y vuelta del hogar. Para adelante, para atrásadelante y atrás, adelante y atrás, adelante y atrás. Tiene algo de nana, que mece; algo de marea, que lleva y trae; y algo de baile, en el que el autor lleva el ritmo y el lector se entrega. Y un final con sopa. Aaah.   

Con unas guardas de apertura en color amanecer asalmonado y unas guardas de cierre de un azul de noche estrellada, Dos ratones arranca aprovechando bien el papel, integrando la página de título, autor y editorial en la historia. 


¿A quién pertenecerá el agujero de ratón a la derecha?

¿Cómo se dividen tres pastas de forma justa?
¿Hay que esperar hasta comprender las fracciones?  


Una casa, dos ratones, tres pastas. Con tan solo cuarenta y ocho palabras (que, si eliminamos las repeticiones de 'uno/un/una', 'dos' 'tres' se quedan en tan solo veintisiete palabras distintas), en Dos ratones Ruzzier consigue ofrecernos una aventura en toda regla, con dos amigos ratones como protagonistas, que conviven con tensiones, reproches, reconciliaciones, dramatismo, humor, suspense, salvación de vidas, y por fin el retorno al hogar y a una reconfortante sopa preparada a cuatro manos. ¿He mencionado que hay peligro? [Cuenta Ruzzier que escribió el libro con la voz de Sendak al oído animándole: "Make it dangerous!" (¡Hazlo peligroso!)].  

Y efectivamente, Dos ratones es inquietante... 


Qué curiosas garras tienen estos arbolitos. 


Dos ratones es ¡terrorífico!


¿Cuál de los tres pajaritos se quedará sin comer?
De nuevo nos surge la pregunta sobre el reparto justo. 

¡Pero no teman! Dos ratones acaba con una reconfortante secuencia numérica final cocinada en sopa. Tres, dos, una... sopa. Y cada vez que abrimos el libro por esa última página, no cabe duda: todavía está caliente.   




Hace unos años, cuando mi hijo tenía unos cuatro años, alguien le regaló un pequeño librito que resumía Bambi en unas 80 palabras. Me pidió que se lo leyera -Bambi nació-Bambi creció-La madre de Bambi murió-Bambi conoció a su padre- y cuando terminé vi en su rostro una expresión de aburrimiento máximo. "It's very boring! It's all Action! Action! Action! and no story!".  ("¡Qué aburrido! Es todo acción!" acción! acción! y nada de historia").

La primera vez que leímos Dos ratones, del italiano afincado en Brooklyn Sergio Ruzzier dijimos todos: ¡Otra vez! Y leímos Dos ratones dos veces. Y tres. Un, dos, tres. 

Y mi hijo, un-dos-tres años más tarde, hizo una apreciación relacionada con aquella de la infame versión de Bambi: "Qué bueno lo que ha hecho el autor. Podría haber escrito esto: Una mañana, dos ratones salieron a dar un paseo, se encontraron con unos peligros y problemas por el camino pero al final llegaron a casa a salvo y se tomaron una sopita. Pero lo que ha hecho es muchísimo mejor.". 

Aquella versión de Bambi era todo verbo. En el texto de Ruzzier no hay ni un solo verbo. Toda la gramática de la acción se representa en la imagen y en la mente del lector. 



Es interesante leer cómo el propio Ruzzier cuenta el proceso de creación del libro.  

"Dos Ratones tiene, probablemente, el texto más sencillo de todos mis libros, pero ha sido con diferencia el más difícil de escribir. 

"Al principio, simplemente quería escribir una aventura que también funcionara como un libro para contar. Un libro para contar clásico, del 1 al 10. Conocía y me encantaban Pigs from 1 to 10 de Geisert Cuando los borregos no pueden dormir de Satoshi Kitamura, y me planteé tratar de hacer algo similar. El primer borrador empezaba así: “One nice morning / Two small mice / Eat three cookies. / Then wear four skates / And fall five times.” (Una bonita mañana, dos pequeños ratones comen tres galletas. Se ponen cuatro patines y se caen cinco veces. Y así. Era muy mono, pero, predeciblemente predecible." (A lo Bambi). 

"Ahí es cuando empecé a pensar en que debía encontrar una estructura que invitara a más giros inesperados. Así que pensé ¿Y si después de llegar al 3 volviera al 1? Y luego vuelta al 3? Esto me daría un patrón que seguir, que fuera en paralelo a los sube-y-baja de la historia de los ratones, que mientras tanto se iba desarrollando en mi cabeza en términos de contenido. Al mismo tiempo, sentí que siendo ya sencillo el texto, no era lo suficientemente sencillo. Así que me libré de los adjetivos innecesarios y limité cada línea a solo dos palabras. No fue fácil, sin embargo, encontrar las palabras adecuadas y los acontecimientos adecuados para ese patrón de 1-2-3-3-2-1. De hecho, fue muy, muy difícil. [...] Pensé que no podría lograrlo, pero cuando por fin solucioné el puzzle, me alegré mucho de que mi editora hubiera insistido tanto."

Dos ratones es un álbum ilustrado ejemplar en términos de economía y en términos de redondez. Es exactamente lo que debe ser un álbum y un ejemplo perfecto de lo que un autor de álbum ilustrado quiere conseguir cuando se propone crear uno.  

Lectura en voz alta
En esta ocasión, nos apuntamos a la sugerencia del propio autor, que sugiere que una forma divertida de leerlo es leerlo una vez a un ritmo normal y luego ir leyéndolo una y otra vez, cada vez más rápido. Una casa, dos ratones, tres pastas. Tres barcas, dos remos, un barquero. [...] Tres picos, ¿dos bocados? Una huida. Un camino, dos estrellas, ¡tres hurras! Tres zanahorias, dos cebollas, una sopa.  

A nosotros en casa nos resulta MUY divertido leerlo de forma que transmita el peligro en las partes peligrosas, el alivio en las partes aliviantes, el suspense en las partes inquietantes. Con un poco de práctica, se monta todo un teatro. 

La traducción
Dos ratones sería el típico libro que muchas editoriales pensarían que no merece la pena mandar a traducir porque "total, qué más da, son solo 48 palabras y las puedo hacer yo". Pero A Buen Paso entiende que no, que precisamente cuando solo hay 48 palabras y ninguna sobra, importa mucho qué palabras se usan y hace falta tener a alguien que sabe lo que hace. La traducción de Lara Meana preserva el ritmo, elige con acierto cada palabra y hace que te olvides de que es una traducción. 


El formato
Es de un tamaño perfectamente gustoso (15 x 19 cm), incluso para manos grandes, pero especialmente para las manos pequeñas a las que va dirigido. 

Explica Ruzzier a Martha Parravano de The Horn Book: "Desde el principio, pensé en un tamaño pequeño para Dos ratones. Es una aventura con ritmo rápido con un texto muy breve, que se presta naturalmente a un formato pequeño. Siempre recuerdo las palabras de Beatrix Potter, que dijo desde el principio que quería crear "libros pequeños para manos pequeñas". Y en la misma entrevista citada arriba sobre Dos ratones que apareció en el blog Seven Impossible Things Before Breakfast, añadió: "Quería que los niños pequeños pudieran manejarlo con facilidad y llevarlo consigo de un lado a otro - quizás incluso llevárselo a la cama".


Y os dejo con esa imagen de un niño abrazado a su libro cual osito.

Otras reseñas de obras de Sergio Ruzzier en este blog:

Amandina
La sala de las maravillas


miércoles, 19 de abril de 2017

IV Concurso de lectura en voz alta Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES?

Ilustración de Tomi Ungerer, del libro
I am Papa Snap and These Are my Favorite No Such Stories, 
Roberts Rinehart Pub, 1999


Lo leemos así presenta....

IV Concurso de lectura en voz alta 
Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES? 

En primavera del 2013, para celebrar nuestro segundo aniversario, organizamos por primera vez el concurso de grabaciones de lecturas en voz alta Y tú, ¿cómo lo lees?

Debido al éxito de la primera ediciónde la segunda edición celebrada en 2014 y de la tercera celebrada en 2016, este año, decididos a mantener la continuidad, lanzamos la cuarta edición de Y tú, ¿cómo lo lees?. ¡La cuarta! El premio: dos libros a elegir de entre los reseñados en este blog (no se incluyen los libros descatalogados; ver lista al final de este post) o bien dos libros sorpresa, seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año. 

Instrucciones: 
1. Elige uno de tus álbumes ilustrados favoritos, el que tú quieras. 
2. Practica su lectura en voz alta (si te hace falta). 
3. Grábalo o bien en vídeo o únicamente con audio. 
4. Súbelo a un sitio como dropbox o soundcloud (o similar). 
5. Comparte el vínculo en un comentario en este mismo post y...
6. Envía un email a ytucomololees@gmail.com contándonos un poco sobre ti, con una foto si quieres y por qué elegiste ese libro. Por favor, no te olvides de incluir el vínculo a la grabación en el email también.  
7. IDIOMA: Las grabaciones deberán ser en español
8. QUIEN LEE A QUIEN:
                   La grabación puede ser:
  • de un padre o madre o cuidador leyendo a un niño/a o a varios niños
  • de un docente leyendo a un niño/a o varios niños 
  • de un niño o niña leyendo a otro niño, a su padre/madre/abuelo/abuela... o a sus amigos del colegio.
9. QUÉ BUSCAMOS: se pide emoción y entrega y no se penalizará en absoluto la interacción (¡ooh! ¡aaaah!).
10. FECHA LÍMITE: La fecha límite para participar es el 31 de mayo de 2017. No se tendrán en consideración las grabaciones recibidas con posterioridad a esta fecha.  
11.  GEOGRAFÍA E IDIOMA: se aceptan grabaciones de todo el mundo. La única restricción es el idioma: español.  
12. EDAD de los participantes. Cualquiera.    
13. PREMIO: El ganador o ganadora recibirá como premio, además de  un glamuroso post con la grabación premiada, como el de la primera edición, como el de la segunda edición o como el de la tercera edición, 2 (dos) libros que podrán ser, a elección del ganador, o bien 2 libros sorpresa seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año, o bien 2 libros a elegir de entre los siguientes reseñados en Lo leemos así*:  
             El libro que hace clap 
Un día diferente para el Señor Amos
Cuidado con la rana
Se venden gorras
Yo quiero mi gorro
El paseo de Rosalía
La noche de los piratas
El tigre que vino a tomar el té
Las aventuras de un pez fantasioso
Vamos a cazar un oso
Donde viven los monstruos
¿Qué prefieres...?
El pez rojo 
¡A bañarse!
 ¿A qué sabe la luna?
              Dos ratones


*En caso de que alguno de los títulos se descatalogara de aquí a la fecha del fallo, se excluiría de la lista de posibles libros a elegir.   
14. Los libros elegidos por el ganador o la ganadora se enviarán a la dirección proporcionada por ellos mismos por email tras la notificación del premio.  
15. ¡Buena suerte!
16. La decisión del ganador/ganadora será necesariamente subjetiva, e inapelable.  

Lee el post del fallo de la primera edición, y escucha la grabación ganadora.

Lee el post del fallo de la segunda edición, y escucha la grabación ganadora.

Lee el post del fallo de la tercera edición, y escucha la grabación ganadora

miércoles, 1 de marzo de 2017

Adiós, Dick Bruna

El pasado 16 de febrero murió Dick Bruna, un señor que para mí era como de la familia. Por la lectura de muchos de sus libros, sí, pero también porque, de niña, mi habitación estuvo durante mucho tiempo decorada con este mismo friso:


Mi padre incluso eligió algunas de las imágenes para reproducirlas, pintadas y a mayor tamaño, en las puertas del armario de la habitación.

Todas las noches cuando me acostaba, me miraba fijamente ese león, que al principio me dio miedo (si os fijáis el de Bruna parece estar pensando o dudando; el de mi padre sonreía abiertamente y yo me preguntaba que con qué intenciones) pero luego me dio sosiego.

También veía siempre el oso, de la "b" de bear en inglés, el ratón de la "m" de mouse, el iglú, que mi padre "animó" y convirtió en tortuga, y el esquimal, creo.

Desconozco si hay estudios para determinar el efecto sobre una mente infantil de ver unas mismas ilustraciones todos los días durante años, pero ya de adulta, en mi caso, es mirar estas ilustraciones y llevarme el pulgar a la boca. 

Además del friso, en casa teníamos varios libros de Bruna. Recuerdo bien este de Snuffy, el perrito bombero:

Cubierta
Contracubierta

También recuerdo el de Poppy Pig y cuánto me gustaba su hocico (me encantaba ponérselo de nariz a algunas de las personas que dibujaba).

                                      

De Miffy teníamos unos cuantos, pero el que más recuerdo era Miffy en el parque, que además teníamos en español, si no me equivoco.

La portada nos presenta una Miffy estática montada en un columpio también quieto, quieto. Miffy ha llegado al parque y está lista para la acción. La cubierta remite a la sensación de los niños pequeños al montarse en un columpio cuando no pasa nada. ¿Me empujas? Y también, claro: ¿Me lo lees?

Cubierta
Recuerdo que me encantaban las contracubiertas de Bruna, que siempre contaban algo más. Aquí sí se indica movimiento. ¿Pero ya es hora de irse a casa?
Contracubierta de Miffy en el parque

La Miffy de Dick Bruna tiene todo lo que tiene que tener un conejo y nada de lo que no tiene por qué tener. Por prescindir puede prescindir hasta de orejas y sigue siendo perfecta e inmediatamente reconocible. Dos puntos y una cruz bastan no solo para que la reconozcamos, sino, milagrosamente, para dotarle incluso de expresividad, girando ligeramente la cruz de su boca:

 "Retiro todo lo innecesario, para dejar sitio a la imaginación." Contaba Dick Bruna que su proceso de trabajo solía consistir en retirar una o dos de tres lágrimas para dejar a Miffy con una sola, suficiente para comunicar tristeza y el acto de llorar a sus pequeños (pre)lectores.

La evolución de Miffy desde que apareció por primera vez en 1955 hasta su forma final evidencia una progresión en el proceso de encontrar la línea más económica. La forma de la cara se simplifica y cualquier cosa que estorbe la comunicación, como las puntas de las orejas o la forma achatada del rostro, desaparece.

Las cubiertas de los libros de Miffy son muchas de ellas prácticamente idénticas. Estas cuatro, por ejemplo, son las primeras que aparecieron ya en los libros de formato cuadrado perfectos para manos pequeñas, marca de la casa. 


La protagonista indiscutible es Miffy, la niña-conejo de la misma edad que el lector. Este libro es para ti, se le dice sin necesidad de decirlo al lector. Mírame, ábreme, juega conmigo. Esté en el zoo, en la nieve o en la playa, la vemos a ella. A veces se nos da una pista visual que, aunque no sepamos leer, nos anuncia qué puede haber en su interior. Otras veces hay que dar la vuelta al libro para saber más: 
En una edición posterior la contracubierta
se convertiría en la cubierta, pero hay algo gustoso
en tener que darle la vuelta para saber más.  

La comunicación visual con el prelector es inmediata y en todos casos se lo atrae con un "vente conmigo" o un "vente para acá", "toca mi cubierta", "ábreme", "entra". 

Sin saber leer, esta portada nos invita a contar: seis calcetines, suficientes para tres personas o para un caballo y medio.  

Una de nuestras portadas favoritas. ¡A contar calcetines!

En el caso de las cubiertas de Miffy, desde todas nos mira fijamente a los lectores, excepto desde ésta, la de uno de los libros más polémicos de Bruna.  Aunque no sepamos qué es un cementerio, ni una lápida, si conocemos el personaje de Miffy, enseguida nos preguntaremos qué pasa. ¿Por qué no nos mira?



Abrimos y encontramos tristeza, pero también cierto consuelo. Se atrevió a retratar a la abuela de Miffy en su ataúd y a la familia entera en pleno duelo. "Llega un ataúd para la abuela, bonito por dentro y por fuera. Está arropada con suaves telas, parece que está a gusto la abuela."






Pero más allá de algunos libros específicos, uno de los recuerdos de infancia que más me vienen a la mente en relación a las ilustraciones de Bruna es que de vez en cuando me gustaba copiarlos y, ya de más mayor, me ponía el reto de dibujar cualquier objeto que me rodeara con el mínimo número de trazos posibles, "a lo Dick Bruna". Esas copias y esos retos me enseñaron mucho sobre lo difícilísimo que era hacer algo tan, tan sencillo.
No sólo lograba reducir los dibujos a las mínimas líneas; su capacidad de síntesis para plasmar en una sola imagen un determinado personaje o idea es absolutamente hipnotizante.

Estas cuatro portadas de Cenicienta, Blancanieves, Pulgarcito y Caperucita son fantásticas:





Por no hablar de las contraportadas: 




Pero determinadas escenas de los interiores lo son aún más.
El lobo feroz de Bruna


Cenicienta pierde su zapato

Las hermanastras muestran sus zapatos. ¿Ensangrentados?

Y uno de mis favoritos de todos los tiempos, del libro Navidad, el único que es rectangular (el doble de largo que los libros de Bruna habituales), para facilitar la posibilidad de compartirlo con un adulto:



Este talento de síntesis lo había ejercitado ya durante unos años antes de empezar a hacer libros para niños, en la editorial de su padre AW Bruna, cuya gestión heredaría su hermano, y para cuya colección de novela negra Zwarte Beertjes (Osos negros) hizo muchísimas portadas.

Aquí algunas que me han gustado especialmente:

La náusea, de Jean-Paul Sartre
El resto de los robots, de Isaac Asimov



























Tres zapatos de mujer,  Francis Durbridge. 

Diseño de cubierta de la revista Literair Akkoord,
que reunía una selección de artículos aparecidos
en distintas revistas literarias holandesas durante
cada año. 

Un libro de recetas inglesas


Dos gotas de sangre, de Frederic Dard.



Chinese Handwassing, de Anton Roothaert
La serie de El Santo, de Leslie Charteris. ¿Mi favorita?






































































La serie del Inspector Maigret, de Simenon.
La serie del Inspector Maigret, de Simenon.

Una de las cosas que me parecen más interesantes de Dick Bruna es el hecho de que insistiera en hacer absolutamente todo a mano hasta el final. "Un dibujo de Miffy me puede llevar un día entero. Todo un día para pillar bien el ángulo de la cabeza o la ubicación de una lágrima.”

Me fascina la defensa feroz de la importancia y de la diferencia en el resultado de dibujarlo a mano, justamente en el caso de un estilo -bidimensional, frontal, con colores primarios- que en principio podría ser un candidato perfecto para la digitalización y el "total, ¿qué más da? queda bien también". Sin duda, el trazo manual con pincel le aporta una calidez y una personalidad a la linea de las que carecen su descarada copia cursilona Cathy, amiga de Hello Kitty, por poner un ejemplo. 


Afortunadamente, además, Miffy está a salvo de que la reduzcan a Cathy porque Bruna fue claro en sus instrucciones: nadie podrá hacer más Miffys después de su muerte. ¡Que viva Miffy!



Y me despido con una de mis portadas favoritas de Dick Bruna. Voy a zambullirme un rato con éstos dos y chuparme el pulgar un ratito. 


Este libro tuvo dos portadas, uno con el pez más grande,
con una lágrima, y ésta. Me gustan las dos,
pero me encanta el rostro serio-concentrado
-ahora se interpretaría que está triste-
de la niña que nos invita a entrar al libro
sin tener que sonreír ñoñamente.. 

¡Adiós!

(c)  Texto: Ellen Duthie, 2017. Todas las ilustraciones de esta entrada son de Dick Bruna.